26 oct. 2014

Queridos lectores:

Después de unos meses sin publicar entrada alguna, queremos comunicarles que hemos emigrado a otro dominio. Ahora pueden seguir leyendo el comentario al evangelio dominical en:

https://vitaminasdefe.wordpress.com

Un saludo

14 jun. 2014

Santísima Trinidad, REFLEXION Evangelio Semanal,


Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad.
P. Luis Jose Tamayo

Nosotros creemos en un Dios trinitario. Un solo Dios y tres divinas personas. El Padre, Creador; el Hijo, Verbo encarnado y el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida. Son Tres Personas, pero un solo Dios.
Jesús al inicio de su ministerio empezó por hablarnos del Padre, de su Padre. Para los judíos Dios no dejaba de ser una divinidad lejana y distante, Aquel de quien no se podía llamar su nombre: era Yahwé, en “sin nombre”. Jesús, aún siendo judío, da un salto cualitativo; Jesús nos lo presenta como alguien cercano. En el Nuevo Testamento vemos como lo llega a llamar Abba, que en hebreo significa “papa”…
Tiempo después empieza a introducir a una nueva figura; epieza a hablar de la promesa del Espíritu Santo. Jesús le llama: paráclito, abogado defensor, Espíritu de vida, Espíritu de la Verdad, etc.
En el Evangelio de hoy: Juan 16, 12-15, vemos como Jesús lo introduce como una promesa: “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”
Aquí, Jesús no sólo nos lo presenta como un don que ha de venir, sino también lo define en la misión que ha de tener: “cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.
Es el Espíritu que ha de venir, es el mayor don de Dios Padre y del Hijo a toda la humanidad, es el Espíritu que nos ha de guiar en el día a día, el que ha de guiar a la Iglesia hasta la Verdad, hasta el conocimiento cada vez más pleno de la verdad de Dios.
¿Por que un Dios trinitario? ¿Por que tres personas divinas? ¿Que nos revelan en su forma de ser? Son tres personas que nos revelan en su más profundo ser una comunidad de amor. EL Padre se vuelca en amor al Hijo, el Hijo responde recíprocamente y se vuelca en amor al Padre, y esa unión de amor es el mismo Espíritu Santo. San Agustín define al Espíritu Santo como el beso de amor entre el Padre y el Hijo. La relación entre las tres divinas personas de la TRINIDAD nos hablan de comunión de amor, de comunidad, de unidad en el amor.
¿Por qué es importante esto? El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, estamos creados para la comunidad y la comunión entre los hombres. Llevamos impresos en nuestro ADN la necesidad de la comunión en el amor con los demás hombres. Vivir así nos da plenitud, no vivir así nos lleva a la frustración y fracaso. Vivir así es llevar a término la identidad para la cual Dios nos ha creado; no vivir así es dejar que algo dentro de nosotros se nos rompa.
El hombre esta llamado a la comunión en el amor, a imagen y semejanza del Dios Trinitario.

29 may. 2014

FORMACION SOBRE LOS EVANGELIOS DEL TIEMPO DE PASCUA

Tiempo de Pascua

La Pascua[1], también llamada Pascua Florida, Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección o Domingo de Gloria es la fiesta central del cristianismo, en la que se conmemora, de acuerdo con los evangelios, la resurrección de Jesús al tercer día después de haber sido crucificado. Es un período de cincuenta días, también llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de Pentecostés.
a.- El tiempo de Pascua[2]
Siendo la fiesta mas importante de la liturgia, la Pascua se celebra por 50 días (siete semanas hasta Pentecostés), desde el domingo de Pascua hasta Pentecostés.  Según la liturgia actual, la Cuaresma termina en la tarde del Jueves Santo con la liturgia de la Cena del Señor que da comienzo al Triduo Pascual.  El Viernes Santo se hace el "ayuno pascual" que se continúa el Sábado Santo, preparatorio a la gran celebración pascual. El triduo culmina en la Vigilia Pascual del sábado por la tarde.
Los primeros ocho días de la Pascua constituyen la Octava, tiempo solemne. En el día 40 de la Pascua se celebra la Ascensión del Señor y los 9 días de la Ascensión a Pentecostés (la novena original) son días de intensa preparación para la venida del Espíritu Santo. 
b.- El sentido
El tiempo pascual es el más fuerte de todo el año. La Pascua constituye el fundamento sobre el cual se asienta y gira toda la vida del cristianismo. La Pascua es el paso de Cristo, del Señor, que ha pasado de la muerte a la vida, a su existencia definitiva y gloriosa. Es la Pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.

Tiempo de Pascua - Ciclo A:
En cuanto a la estructura de las lecturas de la Palabra de Dios de los ocho domingos de este Tiempo en la Santa Misa están organizadas: La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de la primitiva Iglesia, que en medio de sus debilidades, vivió y difundió la Pascua del Señor Jesús. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de San Pedro, la primera carta de San Juan y el libro del Apocalipsis.
En cuanto al contenido resaltamos dos puntos que nos pueden ayudar a hacer una lectura lineal y comprensiva de todos los Evangelios:
1)    Los Evangelios nos presentan al Resucitado en una forma nueva de presencia Él está vivo y los discípulos se han de ir acostumbrando a reconocerle. La expresión que utilizan las Escrituras es: Ego eimi” = Yo soy o Yo estoy.  Cristo ha vencido a la muerte y Él “está”; estuvo, está y estará para siempre (Libro del Apocalipsis 1, 8: Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”). El Dios que “es” desde siempre y para siempre.
2)    El Señor nos ha garantizado, por medio de la Iglesia, poder encontrarnos con Él a través de lo que llamamos “medios de perseverancia” y que nos ofrecen los beneficios de la Resurrección, es decir, la gracia santificante y con ella una vida nueva en el Espíritu[3].
1.- Yo estoy vivo: Juan 20, 1-9  (La Iglesia) Una nueva presencia del Señor en la Comunidad.
2.- Yo soy la divina misericordia. Juan 20, 19-31 (El sacramento de la reconciliación)
3.- Yo soy el pan vivo. Lucas 24, 13-35 (La Eucaristía)
4.- Yo soy el Buen Pastor. Juan 10, 1-10 (El sacerdote)
5.- Yo soy el camino, la verdad y la vida. Juan 14, 1-2 (La oración)
6.- Yo soy tu defensor. Juan 14, 15-21 (La dirección espiritual)
7.- Yo estoy con vosotros todos los días. Mateo 28, 16-20 (El apostolado) - Fiesta de la Ascensión
8.- Yo estoy en la Iglesia por medio del Espíritu y os envió al mundo con la fuerza de mi Espíritu. Juan 20, 19-23 (Pentecostés)

El Resucitado se hace presente, de una forma nueva, a través de los medios de perseverancia que la Iglesia nos ofrece. En la medida que asumo estos medios como míos me adentro en una experiencia de fe y encuentro personal con Él cada vez más viva.

1. Domingo de Resurrección: (Encuentro con Él en la Iglesia)
Juan 20, 1-9: El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
El domingo de Resurrección confirma nuestra fe en la presencia del Resucitado en la Iglesia a través del YO ESTOY VIVO. La aparición de Jesús a los primeros testigos que fueron María Magdalena, Pedro y Juan. A partir de ahora Jesús está presente en medio de la Iglesia.
(Mateo 18, 20: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”)
El resto de los siguientes 7 domingos os propongo un camino de confirmar nuestra fe en la presencia del Resucitado en la Iglesia pero garantizando el encuentro vivo con Él mediante la vivencia de los medios de perseverancia.
2. Domingo 2º de Pascua: (Encuentro con Él en el sacramento de la reconciliación)
Juan 20, 19-31: Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
YO SOY EL AMOR MISERICORDIOSO. El Señor se hace presente en la Iglesia por medio de su paz y misericordia. Este es el Domingo llamado de la Divina Misericordia[4].
(Juan 12, 47: “Yo no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo)
3. Domingo 3º de Pascua: (Encuentro con Él por medio de la Eucaristía)
Lucas 24, 13-35: Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
El Señor se hace presente por medio de la Eucaristía.
(Juan 6, 35: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre)
4. Domingo 4º de Pascua: (Su presencia por medio del sacerdote)
Juan 10, 1-10: Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
YO SOY TU PASTOR. El Señor se hace presente en la Iglesia por medio del sacerdote, guía de la Comunidad y dispensador de los sacramentos.
(Juan 20,21: como el Padre me ha enviado, así también yo os envío)
5. Domingo 5º de Pascua: Juan 14, 1-12 (El encuentro de su presencia por medio de la oración)
Juan 14, 1-2: Yo soy el camino, y la verdad, y, la vida.
YO ESTOY EN EL SILENCIO y quien te guía de tu oración. El Señor se hace presente en el recogimiento de la oración.
(Lucas 24, 32: Lucas Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»)
(Hebreos 4, 12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz”)
6. Domingo 6º de Pascua: (Encuentro con Él por medio de la dirección espiritual)
Juan 14, 15-21: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.
YO SOY TU DEFENSOR que os guiaré a la verdad. Dejarse guiar por el Espíritu de la Verdad para discernir lo que más conviene. El Señor se hace presente en el camino del acompañamiento espiritual.
(Juan 16, 13: Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa)
7. Domingo 7º de Pascua: Fiesta de La Ascensión del Señor (El encuentro con el Señor a través del apostolado)
Mateo 28, 16-20: Yo estoy con vosotros todos los días.
El Señor se hace presente y acompaña a aquel que busca evangelizar, ¿a caso no ha de ayudar a aquellos que se comprometen con su causa?
(Éxodo 13, 21: El Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos)
(Lucas 12, 12: el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir)
(Marcos 16, 20: Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban)
8. Domingo de Pentecostés: (Jesús vive en una Iglesia católica y universal, siempre abierta al dinamismo del Espíritu)
Juan 20, 19-23: Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.»
YO SOY EL ESPÍRITU que guía a la Iglesia. Estamos llamados a ser una Iglesia viva y alegre porque el Señor está entre nosotros. Una iglesia enviada y dinamizada por la fuerza del Espíritu Santo, siempre queriendo ensanchar sus muros. El Señor se hace presente siempre que se busca la catolicidad.
(1 Corintios 12:03: "nadie puede decir: "Jesús es el Señor", si no está impulsado por el Espíritu Santo")





[1] Hay una continuidad histórica y religiosa entre La Pascua judía y la cristiana ya que Cristo murió el primer día de la fiesta judía de la Pascua, que celebra la liberación por mano de Dios del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. Tiene además un profundo simbolismo ya que la muerte de Jesucristo cumple la Antigua Ley, sobre todo en lo referente al cordero pascual que los judíos comen la noche víspera del 14 de Nisan.  Cristo, es inmolado el mismo día de la pascua judía, en que se inmolaban los corderos en el templo. Jesús es el Cordero Pascual que nos libera del pecado.  Por eso nuestra pascua, como la judía recuerda el paso de Israel por el Mar Rojo, el cordero pascual, la columna de fuego que guiaba a Israel, etc.  Pero ahora con un significado mas completo.
[2] Los judíos tenían ya la "fiesta de las semanas" (ver Dt 16,9-10), fiesta inicialmente agrícola y luego conmemorativa de la Alianza en el Sinaí, a los cincuenta días de la Pascua. Los cristianos organizaron muy pronto siete semanas, pero para prolongar la alegría de la Resurrección y para celebrarla al final de los cincuenta días la fiesta de Pentecostés: el don del Espíritu Santo. Ya en el siglo II tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayuna, sino que se vive una prolongada alegría.
[3] - La gracia santificante: Es una disposición sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de obrar el bien. Sus efectos son: Nos renueva de los efectos del pecado; hace posible que Dios habite en nuestra alma; nos hace hijos de Dios.


- La gracia actual es ese don sobrenatural, pasajero, otorgado por Dios, que ilumina la inteligencia y mueve la voluntad para que el hombre sea capaz de realizar acciones sobrenaturales. Es un don de Dios concedido temporalmente en una circunstancia precisa.


- La gracia habitual, don sobrenatural que permanece en el alma cuando se vive en amistad con Dios, sin cometer ningún pecado grave. Es una disposición permanente para vivir y actuar según la voluntad de Dios.


- La gracia sacramental, gracia propia de cada sacramento.


- Gracias especiales, carismas o dones gratuitos de Dios para el bien común de la Iglesia.


- La gracia de estado, es la fuerza necesaria para cumplir con las responsabilidades propias según el estado de vida de cada quien o su vocación. Son influjos, en la inteligencia o en la voluntad, por los cuales el hombre percibe lo que debe de hacer o dejar de hacer y se siente atraído para conseguirlo, recibiendo las fuerzas para lograrlo.


- Los carismas son gracias especiales del Espíritu Santo, están ordenados a la gracia santificante y son para el bien común de la Iglesia.
[4] El Sumo Pontífice Juan Pablo II ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de "Domingo de la Misericordia divina" (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).
El Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimo frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólico, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:
Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti"). Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

21 mar. 2014

II CUARESMA

Mateo 17, 1-9
La naturaleza divina de Cristo nos habla de nuestra gran dignidad.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: -«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Recordaros que estamos haciendo un recorrido de los evangelios de la Cuaresma 2011 con un hilo conductor.

En estos dos primeros domingos descubrimos el significado de la profesión de fe en Cristo Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios, según hacemos en el credo de la Iglesia.
En este domingo en el que leemos el evangelio de la Transfiguración de Jesús, confesamos que se trata, nos sólo del hombre verdadero que veíamos la semana pasada, sino también del Dios verdadero. El Credo de Nicea lo expresa así: “Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho” y después sigue confesando la fe en la encarnación, muerte y resurrección de Cristo.
La transfiguración nos habla de una forma especial de su naturaleza divina: “Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Como dice San León Magno, en la Transfiguración, Jesús “revela la excelencia de la dignidad escondida” tras su humanidad. Éste fue un momento culmen, un momento especial, pero hay que decir que la vida de Jesús de Nazaret, desde su concepción hasta su Ascensión al Cielo, es toda ella una prueba de su divinidad. Su nacimiento, su estilo de vida, su mensaje, su amor por los que sufren, los milagros que salen de sus manos, su muerte en la Cruz, su resurrección y su marcha al lado del Padre, son pruebas tangibles, tocables, de su divinidad.
La belleza de la dignidad humana, el resplandor de la verdad del hombre lo vemos en este pasaje del Evangelio. Aquí vemos como la raza humana muestra en Cristo su grandeza con tal brillo que queda como punto de referencia para siempre. Por eso Dios-Padre dice en el mismo pasaje: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.» Pero no olvidemos que en el Hijo nos encontramos todos los seres humanos. En Él nos miramos como a un espejo. Su grandeza es la nuestra, la belleza de su vida es el parámetro de la nuestra.
La divinidad se manifiesta y brilla en el “plus”, en el “extra” que supera toda mediocridad humana. Ahí es donde brilla la grandeza del hombre. La heroicidad movida desde el amor, es lo que revela la grandeza de la dignidad humana, es lo que hace resaltar nuestra naturaleza divina.
Leemos del beato abad Elredo que en Jesús descubrimos “aquella admirable paciencia con la que entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, (…) con la que sometió su espalda a la flagelación, (…) aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos (…)”.  En medio de esta admirable muestra de caridad Jesús pronuncia las palabras del perdón “Padre, perdónalos”… Un hombre pudiera alcanzar la generosidad del perdón… pero ¿dónde vemos resplandecer la grandeza de su naturaleza divina?  El beato continúa diciendo: ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición? Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder por los enemigos; quiso también excusarlos. ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’.

Es ese ‘extra’ lo que habla de cómo la naturaleza humana está sostenida por la divina. Es allí donde lo humano no llega, pues está apunto de tirar la toalla, cuando sale la fuerza para algo más… eso es lo divino, ese “algo más” que irradia el esplendor de un amor extraordinario. Esa milla extra, es lo que ilumina la verdadera identidad divina del hombre Jesús (y en él la nuestra). Lo nuestro es cansarnos a medio camino, lo nuestro es perder la paciencia, pero cuando Él viene en ayuda de nuestra flaqueza y nos hace caminar más allá de lo inesperado, cuando nos hace caminar un poco más cuando llegamos a un límite, cuando no sólo perdonamos sino que también excusamos, ese “extra” nos habla del Amor de Dios obrando en la humanidad. Eso es lo que hace resplandecer la dignidad del hombre. ¿Ejemplos? Madre Teresa de Calcuta, Gandi, Martin Luther King, los frailes benedictinos que vimos en la película “De dioses y de hombres”… ¿Y tú?