31 jul 2011

REFLEXION Evangelio

“Dadles vosotros de comer”

P. Luis J. Tamayo

Jesús se marchó a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Mateo 14, 13-21

La Palabra dice que Jesús sintió lastima al ver a la multitud, pero también vemos que los discípulos también estaban preocupados por la multitud: “…es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer…”; pero jamás se les había pasado por la cabeza que ellos mismos pudieran hacer algo más por esas personas. A nosotros nos pasa lo mismo. Pensamos que nada podemos hacer, en nuestra cabeza está que eso es tarea de los curas… o recomendamos a un psicólogo, leemos horóscopos buscando la fortuna, etc.

Antes de ayer una persona de la parroquia me pidió si tenía tiempo para hablar con una chica. Decía que estaba muy desanimada, 30 años, estaba en el paro, sus amigos se iban casando y ya no llamaban, se encontraba sola, etc. Quedamos en una terraza del barrio a tomar una cocacola. Hablando, abriendo ventanas, mostrando posibilidades… Ayer mañana recibí un email de la chica de la parroquia diciendo que salió aliviada y mucho más animada.

La enfermedad de nuestra sociedad es el individualismo. Vivimos en una sociedad individualista. No tenemos tiempo para los demás, no queremos comprometernos pues solo miramos por nuestros intereses, no queremos complicarnos. Pero en el fondo no nos damos cuenta que con esa mentalidad nos vamos cerrando el circulo y nos asfixiamos, puesto que estamos hechos para los demás, somos seres sociales.

Tenemos sed de los demás, de servir, de amar, de ayudar… la primera lectura nos lo dice (Isaías 55, 1-3): “Oid, sedientos todos…” “¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura?” ¿Por qué inviertes tiempo en aquello que no te llena? ¿por qué tanto mirar solo lo tuyo y al final no sales satisfecho? Cuantas veces uno gasta tanto tiempo en el televisor… y que poco tiempo en el servicio a los demás, en el compromiso con tu comunidad parroquial.

Pero hay una solución: Leemos en la carta a los Romanos (8. 35. 37-39): Solo el amor de Dios cura, sana, ensancha el horizonte, te hace salir de ti mismo… el amor que pasa por el compromiso y el amor al otro… el amor que se traduce en servicio, disponibilidad, actos generosos, participación y comunidad… una clase de amor que no es sensiblería, que cuesta, pero que es el que más satisfacción da.

Seamos sinceros: La gente deja de creer en la Iglesia no sólo por que el cura pueda ser un rollo, sino por que los cristianos de a pie no dan testimonio de preocupación por los demás, de compromiso, de ofrecerse desinteresadamente al otro... Sólo mirar cómo funcionan las sectas… Tienen muy trabajado el Network, el fellowship, grupos de acción y apostolado.

Estos días atrás que estuve visitando varias Parroquia en USA me impresionó ver algunas comunidades muy vivas con voluntarios para todo… en la acogida, ministros de la eucaristía, los que visitan a enfermos, aquellos que ofrecen oraciones por las necesidades de otros, os que organizan la exposición del santísimo, etc.

Todo hay que decirlo, en nuestra comunidad parroquial, preparando la Jornada Mundial de la Juventud (encuentro de los jóvenes con el Papa: http://www.madrid11.com/es) soy testigo de personas que se han ofrecido con una maravillosa generosidad para ayudar en lo que sea, ofreciendo su casa, su tiempo, su ayuda, su disponibilidad, etc. El Evangelio de hoy se está cumpliendo en estos días entre nosotros:

“Jesús les replicó: «No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» El les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos.

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