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21 mar 2014

II CUARESMA

Mateo 17, 1-9
La naturaleza divina de Cristo nos habla de nuestra gran dignidad.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: -«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Recordaros que estamos haciendo un recorrido de los evangelios de la Cuaresma 2011 con un hilo conductor.

En estos dos primeros domingos descubrimos el significado de la profesión de fe en Cristo Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios, según hacemos en el credo de la Iglesia.
En este domingo en el que leemos el evangelio de la Transfiguración de Jesús, confesamos que se trata, nos sólo del hombre verdadero que veíamos la semana pasada, sino también del Dios verdadero. El Credo de Nicea lo expresa así: “Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho” y después sigue confesando la fe en la encarnación, muerte y resurrección de Cristo.
La transfiguración nos habla de una forma especial de su naturaleza divina: “Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Como dice San León Magno, en la Transfiguración, Jesús “revela la excelencia de la dignidad escondida” tras su humanidad. Éste fue un momento culmen, un momento especial, pero hay que decir que la vida de Jesús de Nazaret, desde su concepción hasta su Ascensión al Cielo, es toda ella una prueba de su divinidad. Su nacimiento, su estilo de vida, su mensaje, su amor por los que sufren, los milagros que salen de sus manos, su muerte en la Cruz, su resurrección y su marcha al lado del Padre, son pruebas tangibles, tocables, de su divinidad.
La belleza de la dignidad humana, el resplandor de la verdad del hombre lo vemos en este pasaje del Evangelio. Aquí vemos como la raza humana muestra en Cristo su grandeza con tal brillo que queda como punto de referencia para siempre. Por eso Dios-Padre dice en el mismo pasaje: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.» Pero no olvidemos que en el Hijo nos encontramos todos los seres humanos. En Él nos miramos como a un espejo. Su grandeza es la nuestra, la belleza de su vida es el parámetro de la nuestra.
La divinidad se manifiesta y brilla en el “plus”, en el “extra” que supera toda mediocridad humana. Ahí es donde brilla la grandeza del hombre. La heroicidad movida desde el amor, es lo que revela la grandeza de la dignidad humana, es lo que hace resaltar nuestra naturaleza divina.
Leemos del beato abad Elredo que en Jesús descubrimos “aquella admirable paciencia con la que entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, (…) con la que sometió su espalda a la flagelación, (…) aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos (…)”.  En medio de esta admirable muestra de caridad Jesús pronuncia las palabras del perdón “Padre, perdónalos”… Un hombre pudiera alcanzar la generosidad del perdón… pero ¿dónde vemos resplandecer la grandeza de su naturaleza divina?  El beato continúa diciendo: ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición? Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder por los enemigos; quiso también excusarlos. ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’.

Es ese ‘extra’ lo que habla de cómo la naturaleza humana está sostenida por la divina. Es allí donde lo humano no llega, pues está apunto de tirar la toalla, cuando sale la fuerza para algo más… eso es lo divino, ese “algo más” que irradia el esplendor de un amor extraordinario. Esa milla extra, es lo que ilumina la verdadera identidad divina del hombre Jesús (y en él la nuestra). Lo nuestro es cansarnos a medio camino, lo nuestro es perder la paciencia, pero cuando Él viene en ayuda de nuestra flaqueza y nos hace caminar más allá de lo inesperado, cuando nos hace caminar un poco más cuando llegamos a un límite, cuando no sólo perdonamos sino que también excusamos, ese “extra” nos habla del Amor de Dios obrando en la humanidad. Eso es lo que hace resplandecer la dignidad del hombre. ¿Ejemplos? Madre Teresa de Calcuta, Gandi, Martin Luther King, los frailes benedictinos que vimos en la película “De dioses y de hombres”… ¿Y tú?

I CUARESMA


El Recorrido de los evangelios de la Cuaresma 2011:Las Tentaciones, la Transfiguración, La Samaritana, El ciego de nacimiento y La resurrección de Lázaro. Cinco homilías que tengan un hilo conductor:
- Los dos primeros domingos: vamos a entender la necesidad de la profesión de fe en Cristo Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, según profesamos en el credo de la Iglesia. - Los tres siguientes domingos: una vez profesada nuestra fe en el verdadero Hijo de Dios, el verdadero Salvador, entonces vemos tres encuentros en donde el hombre, cada uno de nosotros, se sitúa en su verdadera necesidad de Cristo. Jesús, hombre y Dios verdadero, viene a liberarnos de las ataduras a los engaños de este mundo y dar la verdadera respuesta a todo hombre: La sed de amor (corazón) de la Samaritana y que todos tenemos; la búsqueda de luz de la verdad (mente) del ciego de nacimiento, y la necesidad de soltar las ataduras (la voluntad) de Lázaro.
Hoy, primer domingo de Cuaresma, tenemos el evangelio de las Tentaciones (Mateo 4, 1-11). Este año, no me voy a detener tanto en desarrollar las tentaciones, sino en el significado de las tentaciones como la expresión de la dimensión humana de Cristo-Jesús.
En el credo de la Iglesia, cada domingo profesamos que Jesús es Cristo, es decir, que fue verdadero hombre y verdadero Dios. El problema en los primeros siglos fue creer que Jesús era el verdadero Dios, pues lo habían visto como hombre. Más tarde, con la distancia del tiempo desde la Encarnación, el problema fue creer que él fuera verdadero hombre, pues Dios no podía limitarse en una humanidad, Dios no podía abajarse en la carne pecadora del hombre.
Hoy vamos a detenernos en la humanidad, y el domingo que viene con la Transfiguración, en su divinidad, las separamos aunque son una inseparable realidad.
Los santos Padres desde la antigüedad ya decían que como gesto de humildad Cristo ocultó su divinidad tras su humanidad. Lo primero que vemos en Jesús es su humanidad, nos cuesta alcanzar a ver su divinidad tras su ser hombre. Pero detrás de la cortina de ser hombre está su identidad divina. Pero en realidad, su "humanidad" sirvió para revelar su "divinidad": su Persona de Verbo-Hijo; no tanto para esconder sino para revelar su identidad de Hijo de Dios.
Vamos a centrarnos en la dimensión humana de Jesús y lo que hoy nos quiere decir a nosotros:
Hoy leemos que Jesús fue llevado al desierto “y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mateo 4, 1-11). Después de esta frase se relatan las tentaciones, y esto nos revela el verdadero signo de su humanidad.
Jesús experimentó el cansancio, el hambre y la sed. Así leemos: "Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre" (Mt 4, 2). Y en otro lugar: "Jesús, fatigado del camino, se sentó sin más junto a la fuente... Llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dice: dame de beber" (Jn 4, 6). Jesús tiene, pues, un cuerpo sometido al cansancio, al sufrimiento, un cuerpo mortal. Un cuerpo que al final sufre las torturas del martirio mediante la flagelación, la coronación de espinas y, por último, la crucifixión. Durante la terrible agonía, mientras moría en el madero de la cruz, Jesús pronuncia aquel su "Tengo sed" (Jn 19, 28), en el cual está contenida una última, dolorosa y conmovedora expresión de la verdad de su humanidad.
Volviendo al relato de las tentaciones: ¿Quién de nosotros no es tentado? La tentación es el signo más creíble de nuestro ser humano, pues pone de relieve la flaqueza y debilidad, en definitiva, nuestra condición humana. Las tentaciones, el cansancio, el desaliento, la flaqueza, los errores… son un capitulo que yo retiraría del libro de mi vida… es algo que muchas veces me cuesta aceptar de mi propia vida. Cuando cometo un error, muchas veces no me lo permito y me hago intolerante conmigo mismo. Cuando experimento al debilidad me hago escrupuloso. Cuando tomo una decisión y no las tengo todas claras le estoy dando vueltas mil veces, ¿lo hice bien o no? ¿era esto o lo otro?... En el fondo me gustaría vivir sin todo esto… en el fondo me gustaría no ser humano… el perfeccionismo que llevamos metidos dentro es un orgullo atroz de falta de aceptación de mi humanidad. Mi orgullo me impide ver mi humanidad, no acepta que pueda cometer errores, o descubrirse mi debilidad.
Dios asume la humanidad en Cristo, Dios acoge la humanidad y con ello nos dice que está muy bien ser hombre, que estamos bien hechos (Gn 3, 16-31 "Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien"). En la humanidad de Cristo descubrimos la belleza de todo un Dios que quiere, asume, y decide que ser hombre es lo más grande.
Jesús fue igual al hombre en todo excepto en el pecado. Ser tentado no es pecar. Una cosa es ceder a la tentación, consentir, y otra es ser tentado. Ser tentado no quita belleza al ser humano, caer en la tentación y consentir el pecado nos conduce a la mediocridad y degradación del ser humano. Pero gracias a Dios, en Cristo se nos ha dado el remedio a la tentación de la mediocridad mediante la oración; sólo desde el acto de rendirse a Dios uno puede salir victorioso de la tentación. La gracia divina, que se adquiere por la oración, fortalece la humanidad. En el relato vemos a Jesús, que frente a la tentación, cita la Palabra de Dios, pone la oración por delante… y ahí en la debilidad de su humanidad, nos demuestra la grandeza del hombre, la victoria sobre la tentación.

Su "humanidad" sirvió para revelar su "divinidad": su Persona de Verbo-Hijo. Esto es a lo que estamos llamados todos nosotros.

21 feb 2010

Entiende lo que es la CUARESMA (haz click aquí)


Para ayudar a entender lo que es la Cuaresma te invito a ver este video en YouTube.  

29 mar 2009

Cuaresma, REFLEXION Evangelio Semanal

Ganar la VIDA (con mayúsculas)
por P. Luis Tamayo

Ya hemos recorrido 5 domingos de Cuaresma; hagamos un resumen. El primer domingo era la invitación a entrar en el desierto como el símbolo de la Cuaresma, como un tiempo de preparación intensa para la Semana Santa, los tres siguientes domingos hablamos de las tres prácticas cuaresmales que nos introducen en este desierto y nos ayudan a prepararnos (oración, ayuno y limosna). Hoy hablaremos de cómo todas estas prácticas nos van a conducir a un vivir nuevo con Cristo.

La Cuaresma es este tiempo de Vivir con intensidad nuestra fe. Todo lo que hemos ido hablando de la oración, el ayuno o austeridad y la limosna o caridad, es para vivirlo. El otro día me decía una persona: “Después de escuchar estas reflexiones de Cuaresma, he recibido mucha luz en el entendimiento…”; pero añadió “ahora lo que tengo que hacer es pedir la gracia para vivirlo”.

Las enseñanzas de la Iglesia son para vivirlas, son para la vida. Las enseñanzas de Jesús son una forma de vida. Jesús habla para la vida. Jesús es Maestro de vida. 

¿Pero como nos propone vivir el evangelio de hoy? (Jn 12, 20-33) El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. Vamos a ver la diferencia.

¿Qué es amarse a sí mismo y perderse? Una vida sin oración, materialista, centrada en mi mismo. Una vida sin ayuno, sin privarse nada, dándose todo tipo de caprichos. Y una vida sin limosna, sin caridad, egoísta, autosuficiente, sin servir ni ayudar a nadie… esto es la rutina, esto es el aburrimiento supremo, esto es darse vueltas a sí mismo. Esto no es nuevo, esto es lo viejo, esto es lo de siempre, y lo que ofrece el mundo es lo anticuado, lo caduco, lo rancio y al final lo que muere. Esto mata el sentido de la vida. Mirarse el ombligo no lleva a ninguna parte. Vivir así mata el espíritu.

¿Qué es aborrecerse a sí mismo y ganar la vida eterna? Una vida de oración, es una vida que está en búsqueda de Dios, que cada día se manifiesta con novedad, la oración es alimentar el espíritu con frescura, es darle sentido a la vida con una perspectiva nueva. Una vida de ayuno y de austeridad, una vida donde prima el esfuerzo, donde uno se traza metas a alcanzar, metas nuevas, una vida que no se deja llevar por lo que la moda dice, sino que sabe lo que quiere y lucha por alcanzarlo. Una vida de limosna y de caridad al prójimo es una vida de entrega y donación, donde el centro ya no es uno sino los demás, donde cada día se hace novedad pues cada día se ofrece una oportunidad en la que puedo servir a alguien. Cada día es nuevo por que surgen proyectos que me llevan de mi al hermano.  

Pero no es sólo esta la novedad de vida, sino que la novedad de la que hablamos tiene su horizonte último en la Vida Eterna, y no como algo para después de la muerte sino como el saborear y disfrutar de las primicias de la Vida Eterna aquí y ahora.

Jesús no pide hacer las cosas por hacerlas y así ser mejor. No es la oración por hacer oración, no es ayunar por ayunar… no podemos perder de vista el sentido último; la promesa de Jesús: LA VIDA ETERNA participar de las primicias de la vida eterna aquí y ahora. ¿Qué es la Vida Eterna? Conocer a Dios en la vida, no en el intelecto. 

Al final de la vida de Sta. Teresa de Liseaux, con la enfermedad ya avanzada, decía que le costaba mucho subir las escaleras, pero ella buscaba salir de su habitación para participar de la vida de comunidad. Cuenta que subía un escalón y descansaba, otro y se paraba… le suponía un gran esfuerzo. Pero era justo ahí donde se unía a Jesús, le veía en el Calvario cargando la cruz, dando un paso y otro, sin aflojar. Y en este encuentro con Jesús en lo sencillo de subir las escaleras es donde experimentaba la fuerza de Dios, la energía para seguir subiendo, el impulso para dar un paso más.

Esto es saborear la Vida Eterna, en lo sencillo de la vida. El fin último es conocerle viviendo sus palabras, viviendo lo que El mismo vivió me da un conocimiento nuevo de Jesús, pues alcanzo a identificarme con El en su vivir y en su morir. Aquí es donde radica la más absoluta novedad del mensaje de Jesús. Vivir las enseñanzas de Jesús es para encontrarnos con El en la vida. 

21 mar 2009

Cuaresma, REFLEXION Evangelio Semanal

Una limosna con inteligencia
(por P. Luis Tamayo)

Continuamos con las catequesis que ya propusimos: la oración, el ayuno y la limosna. Hoy nos toca reflexionar sobre la limosna o caridad cuaresmal.

Nos encontramos en un mundo que a pesar de estar marcado por un profundo individualismo sin embargo cada vez emergen más grupos de solidaridad, ONG’s, grupos de voluntariado social, médicos sin frontera, programas para jóvenes para hacer experiencias en países del 3er mundo, anuncios que te dicen que si compras tal producto un x% va destinado a la ayuda de esto u lo otro. Por un lado notamos una sociedad muy individualista, donde la gente se desinteresa en general por el prójimo, pero por otro lado vemos un resurgir de grupos y asociaciones de solidaridad con el mundo pobre y “lejano”.

¿Cómo entender el ejercicio de la limosna que nos propone la Iglesia? La lectura del evangelio de Juan Juan 3, 14 ss. nos puede iluminar la respuesta: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.” 

En Dios mismo aprendemos la verdadera caridad. Tanto amor es el que tiene Dios por nosotros, por ti y por mi, que nos da lo mejor de si mismo, lo más precioso que tiene, su máximo tesoro, nos da a su único Hijo. Es decir que la generosidad de Dios se manifiesta en no darnos cualquier cosa, sino en darnos lo más preciado de sí, en darnos a su Hijo. Pero hay que prestar atención a la motivación de Dios: Tanto amó Dios al mundo, al hombre, a cada uno de nosotros que nos da lo mejor de sí.

La primera característica de la limosna o la caridad es que nuestra motivación primera debe ser el Amor, para dar limosna nos ha de mover el amor a los hermanos. Esto es necesario, pues si no uno empieza a "regatear". Cuantas veces me han dicho: “sólo doy esto por que puede que no sepamos a donde va a parar este dinero”. Pero si hay verdadero amor uno no mide, todo lo contrario, uno busca inteligentemente como dar su limosna. “Yo doy aquí por que me ofrece garantías de que el dinero que aporto llega a buen término; si esto no me da confianza pues lo doy a otro sitio”. Por ejemplo, Caritas de la Iglesia se esmera en presentar las cuentas claras todos los años. Hoy mismo en plena crisis, se ofrecen más servicios a los más afectados desde Caritas que desde cualquier otro organismo del gobierno. 

El ejercicio de la limosna no lo hago por que simplemente soy cristiano y toca hacerlo, sino movido por amor. Porque siempre el amor nos debiera mover a algo más que a dar dinero. La Palabra no dice: Tanto amó Dios al mundo que entregó un millón de euros para dar de comer o para paliar los daños en la guerra tal. Sino que nos dice que tanto fue su amor por nosotros que nos dio lo mejor, lo que más le costó, lo más difícil, Dios-Padre nos dio a su Hijo. Por eso es necesario que para dar lo mejor nos mueva el amor, pues si no hay amor sólo damos un poco, o lo mínimo, o lo establecido. 

¿Que es aquello que más valoro?, ¿qué es aquello que más me cuesta? Normalmente al hombre moderno de hoy lo más preciado que tiene es el tiempo. ¿A caso no decimos “el tiempo es oro”?. La pregunta es: ¿puedes dar algo de tu tiempo al prójimo? Esta sería una preciosa limosna cuaresmal. Por ejemplo: darle tiempo a tus hijos o nietos para escucharles; darle tiempo a tu mujer o tu esposo para preguntarle que tal está; darle tiempo a un vecino o vecina que se que esta mayor y enfermo para que se vea atendido; darle tiempo a un asilo de ancianos para acompañar y charlar con aquellos que se ven solos. Si este dar no va motivado por el amor no sale, pues esto es mucho más exigente. 

Pero cada uno a su medida. Cada uno que mire hasta donde puede alcanzar. Yo abro el abanico de posibilidades y subimos el listón un poco más, para que aquellos que sólo pueden un poco un poco, pero aquellos que en conciencia puedan más que no se acomoden.

La segunda parte de la cita dice: “…entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”. La limosna o el ejercicio de la caridad tiene un objetivo o una finalidad. El ejercicio de la caridad ha de ser inteligente, pues Dios entregó a su Hijo con el fin último de darnos la Vida eterna (aquí y ahora), la Vida de fe, la Vida misma de Dios.

Aquí se añade otro dato más. Lo que doy como acto de mi generosidad debiera tener esta finalidad última de dar Vida. Por ejemplo, si la evangelización tiene la finalidad de que la gente crea en el Evangelio y por lo tanto alcanzar la vida de Dios; una limosna será aun más en línea con la voluntad de Dios si es empleada para que otros conozcan a Dios y estos creyendo tengan Vida eterna. O siguiendo el ejemplo anterior de dar con generosidad tiempo propio, uno puede ofrecerse para apoyar las actividades de la Parroquia, para ayudar en Caritas, o para ayudar en las catequesis, etc. ¿A caso todo lo que se hace en la Parroquia no tiene el último fin de ayudar a las personas a creer en Dios y creyendo tener Vida eterna? En esto la Iglesia ve una urgencia grande de poder trabajar más con los jóvenes que son el futuro de la Iglesia. 

Quizás esta sea la mejor limosna que podamos hacer, invertir todas nuestras fuerzas en los jóvenes. Pues sin ellos muchos templos se quedarán vacíos en 20 años.

14 mar 2009

Cuaresma, REFLEXION Evangelio Semanal

El ayuno engrandece el espíritu del hombre
(P. Luis J. Tamayo)

Como ya hemos dicho, la Iglesia nos propone durante todo este tiempo de Cuaresma tres prácticas cuyo objetivo es una preparación interior de corazón para la Semana Santa: oración, ayuno y limosna. Así como la semana pasada reflexionamos sobre la oración, hoy quisiéramos detenernos en el ayuno cuaresmal

Hoy día hay gente que dice que el ayuno ya no se práctica. Yo no estoy de acuerdo, pues hay una práctica general pero con otros motivos muy distintos a los que propone la Cuaresma. O a caso, alguna vez al año, ¿no nos hemos abstenido de alimentos para bajar un par de kilos? A caso ¿no hemos renunciado a algún dulce para mantener una mejor línea?  Ahora que llega la primavera y el verano y todo el mundo se quita la ropa por la calle, ombligos al aire! La gente se hace muy consciente del drama de lo que supone un kilito de más… “ufff! Estos pantalones no me ciñen…” Hoy día uno de los mejores negocios donde se hace mucho dinero son todas estas casas de alimentos dietéticos, alimentos naturales, baje el peso en menos de un mes, etc. 

Si la abstinencia es algo que todo el mundo practica para guardar la línea o para quitarse un kilito de más… la pregunta es: ¿Cuál es la diferencia entre el simple ayuno y el ayuno cuaresmal? o ¿qué añade el ayuno cuaresmal a la vida cristiana? 

La respuesta sería que el ayuno cuaresmal nos ayuda no sólo a valorar lo espiritual sino también que el ayuno cuaresmal busca cultivar el crecimiento espiritual. Lo podemos explicar desde el evangelio de Juan 2,13:

Jesús encontró en el templo a vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».”

Jesús, con este gesto, nos enseña a descubrir que el corazón del hombre es la casa de Dios, y por lo tanto hay que cuidar que no se nos llene de excesivas preocupaciones que impidan que nuestro espíritu viva la relación con Dios. Jesús dice no ya del Templo, sino del corazón: Quitad bueyes, ovejas y monedas… pues tu corazón es casa de Dios. A caso ¿no te escandalizarías si al entrar hoy en tu Iglesia te encontraras junto al altar maquinas de cocacola, chiringuitos de venta de alcohol y bombones de chocolate? Este es el afán de Jesús, ayudarnos a ver que con el tiempo acabamos por convertir nuestro corazón en un mercado, es decir, nos llenamos de ruido, necesidades, preocupaciones que muchas veces son innecesarias. El ayuno nos habla de una vida un poco más austera para que dejando un poco de lado lo material uno se de cuenta de la necesidad de cultivar la vida espiritual, pues está claro que una vida muy materialista no ayuda a desarrollar una vida en el espíritu. 

El ayuno que más cuesta no es sólo dejar de comer chocolate y carne los viernes de cuaresma, sino el ayuno que más cuesta es el de abstenerse de un gesto que hace daño al otro, abstenerse de comprar cosas innecesarias, o de llenar a los hijos o nietos de caprichos, etc. Hay que reconocer que a veces somos muy materialistas y llenamos a los otros de cosas, cuando lo que más necesitamos todos es amor, escucha, tiempo, juegos, etc. A lo mejor el ayuno que más cuesta es abstenerme de mi película favorita y sentarme con los más pequeños a jugar a las cartas. Esto alimenta el espíritu personal y el amor en la familia.

La práctica del ayuno tiene el objetivo de fortalecer el espíritu humano mediante el autocontrol de las pasiones más corporales, es decir, el ayuno no es sólo privarme de algo, sino que es para engrandecer mi espíritu y darle a mi corazón lo más genuino, darme lo que más me enaltece como persona. 

Un chaval con el que suelo hablar me contó como en un examen le calló una pregunta que no sabía contestar y el impulso que tenía era el de copiar. Al final se dio cuenta que copiar le empobrecía como persona, le hacía deshonesto. El ayuno cuaresmal no tiene sentido si es sólo para privarme de algo; abstenerse de algo sólo tiene sentido si es para engrandecer mi espíritu con lo más genuino y me ayuda a crecer en mi vida de honestidad.

Una señora me contaba como de paseo por la calle se le antojó un capricho: pensó me voy a comprar una palmera de chocolate, ya ves que insignificante. Pero al pensar que en este tiempo de crisis hay muchas familias que lo están pasando mal, al final decidió no comprarlo y ser solidaria poniendo un dinero para la misión. El ayuno cuaresmal no tiene sentido si sólo es para privarme de una palmera de chocolate; abstenerse de un capricho sólo tiene sentido si es para engrandecer mi espíritu siendo algo más solidario y generoso.

8 mar 2009

Cuaresma, REFLEXION Evangelio Semanal

La oración: Tiempo de "transfiguración"
(P.Luis Tamayo)

Seguimos caminando en este tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la semana Santa. El domingo pasado ya hablamos de dedicar un tiempo para la reflexión de este tiempo y los tres ejercicios que la Iglesia nos propone, a saber, oración, ayuno o austeridad y limosna o caridad. 

La semana pasada hablamos del significado de la Cuaresma como un tiempo de acompañar a Jesús al desierto. Hoy el Evangelio de la Transfiguración nos va ayudar a entender la invitación de Jesús a hacer de la Cuaresma un tiempo especial para intensificar nuestra oración.

Para el cristiano todo el año es tiempo de oración. Oramos cada día igual que comemos cada día. La oración surge de la necesidad de alimentar nuestra vida espiritual al igual que la comida va a nutrir nuestro cuerpo. Como hijos de Dios que somos necesitamos de un tiempo diario de relación con nuestro Padre Dios.

La pregunta sería ¿qué añade este tiempo de Cuaresma a la oración cristiana?; si todo el año es tiempo de oración, ¿qué añade la Cuaresma a mi oración? O de otra forma, si la Iglesia invita a orar de una forma más intensa durante este tiempo, ¿qué aspecto no debería olvidarse en la oración de la Cuaresma?

La respuesta sería la de pedir a Dios la gracia de una oración transformante, es decir, que si el tiempo de Cuaresma es tiempo de conversión, nuestra labor sería pedirle a Dios la gracia de ayudarnos a ir transformando aquellos aspectos de nuestra vida que necesitan cambiar, que necesitan dejar a un lado el orgullo para adquirir mayor humildad, el egoísmo para ser más generoso, o el pesimismo para una vida más positiva y alegre, etc. ¿Quién de nosotros no necesita ir cambiando actitudes que muchas veces no nos ayudan ni ayudan a los demás?

Hoy leemos en el evangelio el pasaje de la Transfiguración, donde “Jesús se transfiguró delante de sus discípulos, y sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador”. ¿qué quiere decir la Transfiguración? Jesús muestra a sus discípulos su rostro más divino; el blanco deslumbrador es una forma de expresar como Jesús revela la belleza divina a la que el hombre está llamado a vivir. Es decir, Jesús nos invita a no perder el horizonte de la oración, a descubrir como la oración, no es sólo un rato de silencio o de reflexión, sino el camino por el que Dios puede ir transformándonos y revelar en nosotros aquello que más se parece al rostro de Dios.

Una chica me contaba que su jefa en el trabajo es una mujer de un carácter muy duro, y que no tiene una pizca de educación, es una mujer muy burda y muchas veces hace daño con sus gestos y palabras. Mi amiga me contaba como ha tenido que orar, y de rodillas, para pedirle a Dios le transforme la mirada y le deje ver el lado bueno de su jefa, que la pueda llegar a entender y tratar con compasión, pues posiblemente esa mujer tenga situación muy difícil que la haga tener ese carácter. En este momento yo pensé que bonito pedirle a Dios poder cambiar la mirada sobre esa persona.

Pero mi amiga no se quedó aquí, sino que derepente añade, pero no sólo le pido a Dios que me deje ver a mi jefa con amor, sino que le estoy pidiendo fuerzas para tener actos de amor con ella. Ahora cuando llego a la oficina la saludo, y junto al buenos días intento darle una sonrisa.

Hace unos años en un retiro de matrimonios, al llegar el tiempo de la confesión, se acercaban marido y mujer. Primero venía la mujer y en vez de hacer su propia confesión parecía que estaba haciendo la confesión del otro… es que mi marido es tal y cual, y es que tiene este carácter y me hace las cosas muy difícil… y luego llegaba el marido y lo mismo, me estaba confesando los defectos de la mujer. Obviamente a los dos tuve que corregirles y hacerles esta pregunta… “bueno y tú, ¿cuál es tu parte en esto? Pues sería injusto ponerle toda la culpa de todo siempre al otro”. 

La oración de Cuaresma debería ayudarnos a dejar de exigir que el otro cambie… y poner siempre la culpa fuera de nosotros, aún por mucha razón que yo tenga, y pedirle a Dios nuestra transformación. Yo soy quien tengo que cambiar

Hay un dicho que dice: "El problema no es el problema, sino mi actitud delante del problema", es decir, que puedo tener una actitud obsesiva de querer cambiar a la gente y las cosas de mi alrededor que no me gustan, esto es una fuente de frustración continua pues de mi no depende que todo el mundo cambie. O puedo pedirle a Dios la gracia de poder tener una actitud de humildad y aceptar las cosas como vienen y pedir paciencia, tolerancia, aceptación, compasión, entereza, calma, etc. Esto último sería mostrar en mi humanidad el rostro más divino, pues Dios es esto mismo: Humildad, Amor, Compasión, Paz, etc.

La Cuaresma como tiempo de conversión es un tiempo, donde por amor a los demás, dejo de exigir a los demás y hago especial hincapié en mis faltas y defectos de carácter, y le pido a Dios la gracia de transformarlas y poder vivir aquello que más pueda revelar su amor a los demás.