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3 jun 2013

Solemnidad Corpus Christi, REFLEXION Evangelio Semanal


Dadles vosotros de comer
P. Luis J. Tamayo

Lucas 9, 11b-17: Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: - «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: - «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: - «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: - «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.”

La lectura de hoy hace referencia a dos puntos que me gustaría resaltar
1) La Eucaristía como alimento
2) La Eucaristía es una forma de vivir: “darles vosotros de comer”

1) Para este día del Corpus se podrían haber escogido otros evangelios, pero la Iglesia escoge este del milagro del pan. ¿por qué el pan? La imagen del pan, la imagen de dar de comer, el alimento, etc. Estas imágenes tienen un significado más profundo: El Cuerpo de Cristo es alimento real del alma, de la vida espiritual, de la vida interior, de la relación con Dios.
La lógica es muy sencilla, si físicamente necesitamos comer al menos tres veces al día, cuanto más el espíritu... al cuál a penas le damos importancia.
El espíritu humano, la vida interior, la relación con Dios necesita de alimentarse, sino acabamos anémicos. Cuando hay un alimento asiduo como el de la Eucaristía entonces se fortalece la relación con Jesús, pues con Él necesitamos del trato, del roce, del contacto. San Agustín dirá que solo se ama lo que se conoce, y conocer a Cristo necesita de ese contacto asiduo, del trato. Por eso la eucaristía es el mismo Cuerpo de Cristo, puesto que necesitamos de ese contacto tu a Tu.
El Concilio de Trento dice: Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; Verdaderamente es presencia real. En la Eucaristía  "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad" (Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

2) El segundo punto que quiero compartir hoy con vosotros es que la Eucaristía es una forma de vivir. San León Magno dice: "Nuestra participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo no tiende a otra cosa que a convertirnos en aquello que comemos". Nosotros estamos llamados a ser la ecuaristía que alimente la fe, esperanza y caridad de otros… por eso Jesús dice: “darles vosotros de comer”… ahora somos nosotros los que tenemos que darles de comer, somos nosotros la eucaristía viviente, presencia real de Cristo entre los hombres.

18 ago 2012

REFLEXION Evangelio Semanal - Domingo XX T.O.


Jesús sigue insistiendo en el pan de vida
(P. Luis J. Tamayo)

Juan 6,51-58: “En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida…”

Las lecturas que propone la Iglesia, por un lado son una estructura fija, es decir, un recorrido de todas las Escrituras en tres ciclos durante tres años; pero también es la Palabra de Dios viva que hay que escuchar en el Espíritu y en relación al contexto que estamos viviendo: recargar fuerzas para el año que se avecina.

Primero, uno puede observar fácilmente como desde el domingo 29 de Julio la liturgia de la Iglesia viene leyendo el capítulo 6 del Evangelio de San Juan, que culmina el domingo que viene (Jn 6, 1-15;   24-35;  41-51;  51-58 y  60-69).
Al ponerme delante de este evangelio el Espíritu me inspira tres ideas: 1) insistencia; 2) perspectiva y 3) positividad
¿Qué es lo que noto al leer el evangelio de este domingo? De nuevo el discurso de la eucaristía. Jesús continúa insistiendo en descubrir que su carne y su sangre son el verdadero alimento. Uno podría quejarse: “Si son ya 4 domingos con el mismo “discursito”… Venga! cambiemos de tema”. Justamente por que son 4 domingos con el mismo tema, uno se da cuenta de la importancia del tema. Cuándo el Señor insiste en algo, por algo será!! O, ¿a caso no hacemos nosotros lo mismo? Cuando vemos algo importante insistimos en ello. Es la insistencia de la importancia de la Eucaristía en la vida del cristiano. El Señor nos quiere fuertes, nos quiere alimentados, nos quiere perseverantes. ¿Por qué es verdadero alimento? El lo remarca en el Evangelio de hoy: “quien coma este alimento permanecerá en el Señor, y el Señor permanecerá en él.” En el capítulo 15 de Juan lo recuerda: "Quien permanece unido a mi da fruto abundante, sin mi nada podéis"; o san Pablo también lo dice: "Todo lo puedo en Cristo" (Filipenses 4,13).
Necesitamos permanecer en el Señor. Sólo hace falta que uno mire para atrás y se de cuenta de cuantas situaciones se nos vinieron encima este año y que fuimos capaces de dar la talla porque anduvimos bien alimentados, anduvimos cerca del Señor.
¿Por qué Jesús puede estar insistiendo tanto? Cuando uno escucha conversaciones, lee las portadas de los periódicos o enciende la TV, hay un clima generado de lo mismo: LA CRISIS, la prima de riesgo, el rescate… Cuando Jesús insiste en la importancia de vivir bien una eucaristía es para abrirnos a la verdadera perspectiva de la vida, lo eterno: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.” Lo fundamental de la vida no es la economía de un país. Yo creo, que sin quitar el drama de la situación, estamos demasiado absorbidos por un pesimismo general. Por eso, aprender a valorar “el pan del cielo” es, por un momento, elevarse a las cosas del cielo, es elevar el alma a lo verdaderamente importante: Dios mismo. Estos momentos eucarísticos son una pausa a lo largo de la semana que rompen la implacable sucesión de noticias, recordándonos que no todo lo inmediato es fundamental. No todo lo importante está en los titulares de las noticias. La eucaristía nos abre la perspectiva a lo fundamental que no es palpable. Lo dirá el Principito en: “lo esencial es invisible a los ojos.” Este verano leía de un autor: “Necesitamos un sentido de la perspectiva para no ser abrumados por el presente.”
Por último, el discurso del pan de vida es solo positividad; es la positividad elevada a la máxima potencia. “Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.” Mientras el mundo habla en términos de muerte, de catástrofes, de malas noticias; el Señor sólo en términos de vida. Es vida lo que Dios quiere imprimir en el corazón del hombre, en el corazón de esta humanidad, en el corazón de la historia; pero nosotros seguimos empeñados en matar a la fuente de la vida. 

12 ago 2012

REFLEXION Evangelio Semanal


Verano: tiempo de descanso y de reponer fuerzas
(P. Luis J. Tamayo)

Juan 6,41-51En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo»…Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo,
para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”
Jesús dice en el Evangelio de hoy: “Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron” (Jn 6,41-51). Jesús hablaba a los judíos diciendo que sus antepasados en ese tiempo que caminaron por el desierto, donde habían dejado sus quehaceres y su vida normal, para adentrarse en la tierra prometida, pasaron hambre, y Dios les dio el maná del cielo, pero solo les sirvió como alimento temporal, pues aún así murieron, es decir sintieron el peso del cansancio y la muerte.
Sin embargo, Jesús lo que les está proponiendo es otra clase de alimento que destruye la muerte, el cansancio y la derrota; Jesús se propone como el alimento que restaura, revitaliza y fortalece la vida para la carrera del día a día y abre la puerta a la vida eterna. Jesús dice: “Yo soy el pan de la vida. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.” Jesús nos plantea en la eucaristía el verdadero alimento que nos fortalece para la vida presente y futura. Es el alimento que ha bajado del cielo, que fortalece el alma, el espíritu.
En estos días de verano, y en España donde muchos toman las vacaciones, he reflexionado bastante sobre la necesidad del descanso en el cristiano. Para nosotros no debiera ser un descanso de “punto muerto” o vacío, sino un descanso donde uno restaura las fuerzas, recarga las pilas para continuar el camino de la vida el curso próximo que se nos avecina. La pregunta que surge es: ¿Cómo restaurar bien las fuerzas? Jesús, de nuevo, nos responde: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”
Es importante aprender bien como reponer fuerzas en tiempos de descanso, como lo es el verano, o el mismo domingo como día de descanso.  Jesús dice: “Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron” (Jn 6,41-51), es decir, hay un descanso que nos lleva a desconectar la mente; también hay descansos que son simplemente no hacer nada, es decir descanso físico, pero en el fondo no imprimen fortaleza en el espíritu interior del hombre, sólo queda en lo externo. Pero el descanso que hoy nos propone el Señor es aquel que debe considerar el alimento por dentro, un descanso que a su vez es restaurador del espíritu humano, el espíritu interior que nos da la fortaleza para la perseverancia. Es importante entender que la antropología cristiana de San Agustín considera la composición bipartita del hombre en cuerpo y alma; por eso es importante pensar EN QUE CONSISTE EL VERDADERO descanso del hombre.
Hace poco hablaba con unos padres justamente de la diferencia que hay entre el cansancio físico o mental y el cansancio espiritual, emocional, o interior. Durante el curso uno tiene que estar levantándose temprano para llevar a los niños al cole, tiene que estar de aquí para allá de chofer llevando a los niños de un lado a otro, tiene que correr para atender las necesidades de la casa, del trabajo, etc. Pero esta es una dimensión, y no la más importante. Hay otro tipo de consumo de energía que supone ser reparada. Cuando uno tiene que poner paciencia en la educación de los niños, cuando te has de morder la lengua con tu jefe, o no entrar en la espiral de la crítica cuando las cosas no van bien. Cuando las cosas no salen como uno desea y no piden perdón… este es otro tipo de cansancio; para el cristiano es el desgaste espiritual.
Pregúntate si durante el año: ¿estás sólo gastando fuerzas físicas? o ¿estás dando mucho más de dentro? La realidad es que estamos dando mucho más, estamos dando misma vida física, pero también interior. Por eso es importante entender que el espíritu humano necesita de reponerse, de fortalecerse y de restaurarse… ¿el descanso físico?, si, pero nunca olvidar el alimento del espíritu en la eucaristía, en la oración, en el silencio, en la meditación, en la reflexión, en una buena lectura que reconforte y fortalezca al espíritu.
Recuerda las palabras de Jesús: “Yo soy el pan de la vida. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo(Jn 6:41-51), pues Jesús no da vacaciones ni vitaminas, sino que se da a si mismo, el amor que verdaderamente nos llena por dentro. 

10 jun 2012

Corpus Christi, REFLEXION Evangelio Semanal


La Nueva Alianza: Un capítulo nuevo
Marcos 14, 12-16. 22-26: Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
La Eucaristía abre para nosotros una Nueva Alianza. Jesús lo dice: “Esta es la sangre de la Nueva Alianza…” Es una nueva Alianza.
El Dios del Antiguo Testamento firmó con el pueblo de Israel una Alianza de amor eterno, la firma con la sangre del cordero que cada año tenían que matar y así recordar el Pacto de amor de Dios con su pueblo.
Ahora, en nuestros tiempos, Dios en Jesús, firma una Alianza de amor incondicional y eterno pero ya no con la sangre de un cordero, sino que la sangre del único cordero que es Cristo. Es un único sacrificio valido para siempre. El era el cordero, que en un solo sacrificio se hizo válido para siempre y por todos los tiempos.
Los judíos matan cada año un cordero distinto para recordar. Nosotros conmemoramos un único sacrificio y entrega de amor; Cristo-Cordero es el mismo hoy y siempre que se entrega por amor, por ti y por mi. Por eso es nueva…
¿Cuál es uno de los beneficios de esta Nueva Alianza? La posibilidad de abrir nuevos capítulos en nuestras vidas sostenidos por la esperanza del amor incondicional de Dios.
La Antigua Alianza – quedo expresa en la Ley de Moisés, los 10 mandamientos… la ley que ponía unas normas a no trasgredir: No matarás, no robarás, no tendrás el nombre de Dios en vano, no deshonrarás a tus padres…
La Nueva Alianza – quedó expresada en la Ley del Amor. Cristo no vino a abolir la antigua ley, sino a darla cumplimiento, a superarla. Por que sólo el amor es capaz de hacernos llegar más allá de lo que humanamente seríamos capaces. El amor de Cristo por ti y por mi le llevo ha hacer la mayor locura que es la entrega de su vida… ¿quién que conozcas por amor ha hecho esto por ti?
San Pablo hace una reflexión: La Antigua Alianza – Era el peso de la Ley que condenaba a quien no la cumplía. Si no cumplías quedabas condenado. La ley se convertía en una carga. Sin embargo, La Nueva Alianza – Es el respiro de la Ley del Amor que libera a quien no la cumple, por que ¿quién no tropieza? ¿quién no siente que muchas veces no llega a la altura de la grandeza de ser humano? La Nueva Alianza del Amor da siempre una nueva oportunidad de comienzo.
Es la esperanza de que uno siempre puede comenzar… cerrando capítulos…
Esto es lo que hoy queremos celebrar: El cierre de un capítulo en la historia de nuestra vida, y la apertura de un nuevo capítulo; un capítulo que se abre con esperanza, con ilusión, con fuerza, con la confianza en Dios de que todo cuanto ha acontecido es para el bien de aquellos que ponen su amor en Él.
Un capítulo nuevo que no es hacer ojos ciegos al capítulo pasado, sino que es sólo apoyo para tomar carrerilla hacia delante: Se dice: “Ni un paso atrás, y si hay que darlo es para coger impulso para ir hacia delante”.
Este es el gran regalo de esta Nueva Alianza: La posibilidad de abrir nuevos capítulos en nuestras vidas sostenidos por la esperanza del amor incondicional de Dios. En sus manos siempre hay un nuevo comienzo.

(“todo tiene un buen final, y si lo que vivimos aún no es bueno, es por que aún no hemos llegado al final”. De la película ‘El extraordinario Hotel Marygold’)

26 jun 2011

Corpus Christi, REFLEXION Evangelio Semanal

Corpus Christi
P. Luis Jose Tamayo

Hoy la Iglesia Universal celebra el Corpus Christi, es una fiesta especial que se hace en torno al Cuerpo de Cristo. Uno puede pensar, ¿por qué se celebra algo que ya celebramos todos los domingos? Alguno dirá: ¿a caso no celebramos cada domingo la fiesta del Señor?

Justamente aquí encontramos la razón y el origen de esta fiesta. Al acudir a la eucaristía cada domingo, e incluso muchos de nosotros los días de diario, uno corre el peligro de acostumbrarse de tal modo que no es que desprecie, pero deja de apreciar… tan sublime acto de amor de Nuestro Señor al perpetuar su amor en la eucaristía. Y esto es lo que le pasó a un sacerdote.

Como a todos nos gustan las historias extraordinarias os cuento una, en relación al origen de esta fiesta: Cuenta la historia que en el siglo XIII, cerca de Roma, en una pequeña ciudad llamada Bolsena, en la basílica de Sta. Cristina aconteció el milagro eucarístico de Bolsena.

Había un sacerdote que no tenía fe en la transubstanciación, es decir en la transformación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. El pedía fe en su oración, por eso seguía celebrando la misa. Era 1264, un día al consagrar la eucaristía, al levantarla sobre el altar, ocurrió el milagro. El pan eucarístico tomó la forma de carne humana y desprendió unas gotas de sangre real y autentica. De hecho, hoy día, esta hostia aún se conserva y científicamente se ha comprobado su autenticidad (la carne está constituida por un tejido muscular del corazón… Nos encanta escuchar milagros!!). Al poco tiempo la noticia llegó a la Papa Urbano IV y finalmente, en torno a este año, instauró la fiesta del Corpus Christi.

En la Eucaristía "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad" (Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

Dos ideas sobre la razón de esta fiesta:

Por un lado, tener un momento especial en el año litúrgico para recordarnos el no banalizar nuestra asistencia a la Eucaristía, para no dejar que esta se convierta en algo monótono, rutinario y pierda todo sentido. La eucaristía no es un “acto social”, no es un “tengo que cumplir con la obligación”… sino que es una cita amorosa, es un encuentro entre mejores amigos… el que más te ama… es un encuentro entre Dios y tú – tú y Dios. Es un momento especial que hay que preparar previamente. De esta forma uno entiende que asistir a la eucaristía se haga hasta lago normal entre semana.

El Concilio de Trento dice: Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" .

Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento”.

Yo siempre recuerdo esa eucaristía que celebraba con niños de primera comunión y que , delante del Cuerpo de Cristo, al preguntarles si veían a Jesús, una niña me dijo con mucha sencillez y espontaneidad: “yo, no lo veo con mis ojos, pero si que lo veo con los ojos del corazón.”

Y, segundo, esta el sentido del alimento para la vida. La eucaristía es una invitación a entender que el verdadero deseo de Dios de perpetuarse de forma visible y de tal forma es para estar siempre cerca de cada uno de nosotros. Quedarse y hacerse alimento para la vida diaria.

Os planteo un reto: el ser humano, aunque tenga energía y fuerzas, como lo propio de la juventud, también es verdad que hay momentos donde brotan sentimientos de vacío, o sin sentido, desorientación, necesitado de entusiasmo por las cosas, interés, curiosidad por la vida… Si quieres más de esto, si buscas fortaleza interior, si deseas esa alegría profunda de corazón… Ven a un encuentro con Jesús en la eucaristía. Búscate una misa de diario, con poca gente… y verás el efecto… es real.

5 jun 2010

Corpus Christi, REFLEXION Evangelio Semanal

Corpus Christi: Presencia verdadera de Jesús
(P. Luis Tamayo)

Hoy la Iglesia Universal celebra el Corpus Christi, es una fiesta especial que se hace en torno al Cuerpo de Cristo. Uno puede pensar, ¿por qué hoy se celebra algo que ya celebramos todos los domingos? Alguno dirá: ¿a caso no celebramos cada domingo la fiesta del Señor?

Justamente aquí encontramos la razón y el origen de esta fiesta. Al acudir a la eucaristía cada domingo, e incluso muchos de nosotros los días de diario, uno corre el peligro de acostumbrarse de tal modo que no es que desprecie, pero deja de apreciar… tan sublime acto de amor de Nuestro Señor al perpetuar su presencia en la Eucaristía. Esto es lo que le pasó a un sacerdote... que se acostumbró a la Eucaristía... Hoy Jesús nos invita a que no nos acostumbremos a tanto amor en la Eucaristía.

Cuenta la historia que en el siglo XIII, cerca de Roma, en una pequeña ciudad llamada Bolsena, en la basílica de Sta. Cristina aconteció el milagro eucarístico de Bolsena: Había un sacerdote que no tenía fe en la transubstanciación, es decir en la transformación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. El pedía fe en su oración, por eso seguía celebrando la misa. Era 1264, y un día al consagrar la eucaristía, al levantarla sobre el altar, ocurrió el milagro. El pan eucarístico tomó la forma de carne humana y desprendió unas gotas de sangre real y autentica. De hecho, hoy día, esta hostia aún se conserva y científicamente se ha comprobado su autenticidad (la carne está constituida por un tejido muscular del corazón… Nos encanta escuchar milagros!!). Al poco tiempo la noticia llegó a la Papa Urbano IV y finalmente, en torno a este año, instauró la fiesta del Corpus Christi.

En la Eucaristía "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad" (Concilio de Trento: DS 1640; 1651).

La razón de esta fiesta es tener un momento especial en el año litúrgico para recordarnos que no hay que banalizar nuestra asistencia a la Eucaristía, y así no dejar que ésta se convierta en algo monótono, rutinario y pierda todo sentido. La Eucaristía no es un “acto social”, no es un “tengo que”… es una cita amorosa, es un encuentro entre mejores amigos… Él que viene es quien más te ama… es un encuentro entre Dios y tú – tú y Dios. Es un momento especial que hay que preparar previamente. De esta forma uno puede llegar a entender la necesidad de asistir diariamente a la Eucaristía. 

El Concilio de Trento dice: "Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" .

La transubstanciación es un milagro que pasa desapercibido para quien no tiene fe porque después de la consagración, aunque no hay ya substancia de pan ni de vino, si quedan los "accidentes" (color, gusto, peso, cantidad, etc.) de pan y vino. Por eso la Eucaristía tiene la apariencia de pan y vino aunque no lo es.

¿Qué es lo que permanece? Permanecen en la Eucaristía los accidentes, o apariencias del pan y del vino. ¿Cuáles son? Los accidentes que permanecen después de la transubstanciación son: peso, tamaño, gusto, cantidad, olor, color, sabor, figura, medida, etc, de pan y de vino. Pero cambia la sustancia, ya no es pan sino el cuerpo y la sangre de Cristo. 

Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento”, ¿Cómo se hace presente? Según la doctrina, por la fuerza de las palabras de Cristo por el sacerdote, bajo la especie de pan y de vino se transforma en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y por la natural conexión, éstos contienen el alma de Jesús y, por la unión hipostática, la misma Divinidad de Nuestro Señor. 

Esta es una invitación a entender el verdadero deseo de Dios de perpetuarse de forma visible y de tal forma que pudiera estar siempre cerca de cada uno de nosotros.

La pregunta final es: ¿cómo preparo mi encuentro eucarístico con el Señor sabiendo que viene en cuerpo, sangre, alma y corazón? ¿cómo le acojo sabiendo que viene verdaderamente el mismo Dios a mi vida?