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17 feb 2014

Domingo VI, REFLEXION Evangelio Semanal

EL AMOR VA MUCHO MÁS ALLÁ QUE LA LEY
P. Luis J. Tamayo

Lo primero hay que contextualizar el Evangelio de hoy dentro del capítulo 5 de Mateo. Las Bienaventuranzas como el programa de vida de Jesús; “sois Sal y luz del mundo” aquellos que viven según Jesús; y finalmente, el camino del amor: “no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud desde el camino del amor”
También, para entender bien este texto, hay que saber que el escritor del evangelio se dirige a la comunidad judeo-cristiana, comunidad de origen judío que quedaba atrapada en la tradición judía y le costaba descubrir la novedad de Jesús. Por eso la forma literaria es la de la antítesis: “se os ha dicho… yo os digo…”
El judío consideraba la ley, tanto escrita como oral, como la expresión de la voluntad de Dios sobre su pueblo; por ello, ser fiel a la ley era igual que ser fiel a Dios o, al contrario, ser infiel a la ley era considerado como una infidelidad también a Dios. En el cumplimiento de la ley estaba la vida o la muerte como dice el libro del Deuteronomio: “Mira, yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos de Yahvé tu Dios… guardando sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás” (Deut.30,15-16). (Deut.4,1-8;30,15-20). En algunos casos violar la ley suponía hasta el castigo de pena de muerte (Deut.17,2-7; Lev.20, 9-12). Podemos decir que en el tiempo de Jesús el pueblo de Israel era el pueblo de la ley y su religión la religión de la ley, no la religión del amor.
Se le había dado un valor tan absoluto a la ley, que la ley, hecha para el bien del hombre, se había convertido en una esclavitud y en un yugo para el mismo hombre; por eso, Jesús dice a los fariseos: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc.2,27).
Los fariseos y letrados se preocuparon de observar rigurosamente las leyes, pero descuidaron el amor y la justicia. Jesús se esfuerza por introducir en sus seguidores otro talante y otro espíritu: «si vuestra justicia no es mejor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios». Jesús puso el reto en superar el legalismo que se contenta con el cumplimiento literal de leyes y normas, para ir más allá de lo que dicen las leyes. Por eso Jesús les decía: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mt.15,7)
Si observamos Jesús da un paso hacia delante en la comprensión de la ley. Podemos leer en el Evangelio: Habéis oído que se dijo a los antiguos… Pues yo os digo...’ La primera parte de esta perícopa narra el conjunto de normas a seguir según la ley y los profetas, que no han de suprimirse, sino perfeccionarse; y en la segunda parte hace una relación de ejemplos prácticos desde el amor a favor de la vida, de la defensa de la mujer y del cumplimiento de nuestros deberes para con Dios. Hemos de escuchar bien las palabras de Jesús: «No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud». No ha venido a echar por tierra el patrimonio legal y religioso del Antiguo Testamento. Ha venido a «dar plenitud», a liberar la vida de los peligros del legalismo y a ensanchar el horizonte del comportamiento humano.
EL AMOR VA MUCHO MÁS ALLÁ QUE LA LEY: a) Para Jesús no es cuestión sólo de no matar físicamente (Mt.5,20); el respeto al otro, el respeto a la vida va mucho más allá; se trata de ser todo corazón con los demás hasta el punto de que ese amor nos llegue a evitar todo cuanto nos lleva a maltratar al otro o pisotear de cualquier manera la vida. El otro, la vida del otro, se merece todo nuestro respeto (Mt.5,21-26).
b) Para Jesús no es cuestión de evitar ser físicamente adúlteros (Mt.5,27-31); es cuestión de tener ojos y corazón limpios que nos lleven a respetar a todo ser humano y no hagamos caer a nadie en el hoyo de la infidelidad al amor porque el amor es sagrado como es sagrada toda persona humana.
c) Para Jesús no se trata de jurar o no jurar (Mt.5,33-37); se trata de tener la valentía de decir siempre la verdad, aunque los demás no nos crean o la verdad nos moleste o les moleste. La verdad no necesita apoyarse en nada ni en nadie para ser verdad, como dice Jesús: “Sea vuestro lenguaje; “Sí, sí”, “no, no” (Mt.5,37).

El filósofo griego Platón dice: “Donde reina el amor, sobran las leyes.” Y San Agustín lo perfecciona diciendo: “ama y haz lo que quieras”… pues tu querer será siempre poner el bien de tu prójimo por encima de uno mismo. Para esto hace falta mucho amor!

12 ene 2014

Bautismo del Señor, REFLEXION Evangelio Semanal

Mira como te mira
P. Luis J. Tamayo

Fue Jesús de Galilea al Jordán y se presento a Juan para que lo bautizara. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» (Mt 3, 13-17)

El Bautismo marca un salto cualitativo en la vida de Jesús. Hay un giro, un salto de la vida oculta a la vida publica. Hasta ahora han sido 30 años de vida oculta que poco se sabe. Hay algunos datos que dicen que Jesús vivía bajo la autoridad de sus padres, en familia en Nazareth. Una vida normal y sencilla.
Pero se da el acontecimiento de recibir el bautismo de Juan, y con ello Jesús es ungido por el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios. Es una experiencia profunda que Jesús hace como Hijo de Dios.
El cambio de vida, el salto cualitativo no surge de las bonitas palabras del Bautista, o del rito del bautismo de quedar sumergido en las aguas del Jordán.  Sino que lo que Jesús vive ahí es una experiencia personal y profunda del Espíritu Santo, saberse Hijo de Dios.
La Escritura es escueta en su lenguaje, el genero no pretende narrar una experiencia espiritual mística de forma poética, no es este el fin, sino que por medio de un lenguaje simbólico y sencillo el evangelista expresa la experiencia: se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Los discípulos tendrían noción de esta experiencia de mística por lo que Jesús mismo, más adelante, les debió de explicar.
Ahora que damos comienzo al nuevo año, es muy común empezar con el deseo de nuevos propósitos: año nuevo, vida nueva. Y nos marcamos el propósito de hacer un poco más de ejercicio, de dedicarle menos tiempo al ordenador, de salir más con la mujer, de ir con más frecuencia a los museos, de leer más libros, de perder unos kilos… al final son buenos propósitos, pero son más superficiales. Lo que de verdad va a marcar una experiencia de vida nueva es la conciencia de sabernos hijos de Dios, hijos en el Hijo. Esta experiencia ya se nos ha hecho accesible desde el día de nuestro bautismo, por medio del Espíritu Santo, somos hechos hijos en el Hijo, y por lo tanto el acceso directo al amor del Padre. El verdadero cambio es saberse muy amado, es saberse predilecto… desde aquí salen un modus vivendi, una forma de vida nueva que va más allá de la norma que muchas veces cansa. Personalizar la vida cristiana en una experiencia interior: sabernos hijos en el Hijo. Por medio del ES se nos abre la puerta… pero nosotros debemos entrar. Es don y tarea. Es gracia y voluntad. Es regalo y ejercicio. Es donación y esfuerzo.
Es una invitación a la oración, a la contemplación, a sacar ratos de silencio y de ponerse delante de Dios Padre y sentirse muy amado y predilecto.
Una amiga fue un año a Calcuta a hacer el voluntariado con la Madre Teresa, me contaba que fue recibida por la madre a una entrevista. Dice que cuando estaba delante de ella se sintió privilegiada, dice que parecía que la Madre, con todas las ocupaciones que tenía, había dejado todo de lado para prestar su absoluta atención a escucharla. Sintió una mirada privilegiada. Esta debiera ser nuestra oración, como diría santa Teresa de Ávila: “Mira como te mira”. 

17 dic 2013

III Adviento, REFLEXION Evangelio Semanal

Adviento: una espera activa!
P. Luis J. Tamayo

Como ya explicamos anteriormente, Adviento viene del latín adventus, que quiere decir venida o llegada del Señor.
El Evangelio de hoy (Mateo 11, 2-11) dice que: “En aquel tiempo, Juan, que había oído las obras del Mesías, le preguntó por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».”
Como podemos ver, el Evangelio de hoy sigue apuntando al tema primordial del Adviento que es la espera del que ha de venir: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Pero la pregunta que nos surge es ¿cómo vivir esta espera? Y a esto intenta responder la segunda lectura de la carta de Santiago (5,7-10) en la que dice: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.” La imagen es preciosa, es la espera a recoger los frutos de la cosecha, pero una espera activa donde ha habido todo un trabajo previo de labrar la tierra, remover las malas hierbas, sembrar las semillas… es una espera activa.
Es muy importante para la vida cristiana dejarse dinamizar por la liturgia de la iglesia, dejarse acompañar por los tiempos litúrgicos que hace la Iglesia a lo largo del año… De la misma forma que nos dejamos mover por cada estación del año: por ejemplo la moda acompaña el tiempo, a finales del verano y cansados del calor solemos escuchar: “tengo ya ganas de que llegue el otoño para ponerme un jersey”; llegan las nieves y pensamos en esquiar; llega el calor y pensamos en la playa… en definitiva, somos una sociedad que se mueve por las estaciones del año. Pero en la vida cristiana nos movemos por los tiempos litúrgicos junto a la vida y misterios de Jesús: Adviento, Navidad, Ordinario, Cuaresma, Pasión y Pentecostés. En cada año se celebra lo mismo, pero no consiste en repetir, sino en profundizar, pues el misterio de la vida de Jesús es tan insondable que toda una vida no da para abarcarlo (lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, y conocer el amor de Cristo» Ef 3, 18-19).  La tentación es pensar: Ya me lo se! Navidades… otra vez… Sin embargo la actitud a la que estamos invitados es la de buscar activamente al Señor.
El tiempo de Aviento se caracteriza por una espera activa hasta la llegada del Señor, la vivencia de este tiempo no puede quedarse en algo pasivo. ¿Por qué una espera activa? porque somos invitados a prepararnos para la llegada de lo más grande que ha acontecido en la historia de la humanidad y, también, en la historia personal de cada bautizado: “la venida del Señor”. Por lo tanto hay dos palabras clave para este Adviento: espera y preparación. Es más una implica la otra, pues una espera activa, implica una preparación.
Alguien me decía que miraba con ilusión las fiestas de la Navidad porque llegará su hijo que vive hace años en el extranjero. Y decía que todo este tiempo hasta que llegue es un “tiempo de espera” que la llena de alegría, y sólo pensar en la llegada de su hijo la colma de contento; y ¿cómo manifiesta la ilusión por la espera? preparándolo todo: ya piensa en las comida que más le gustan a su hijo, limpiar el dormitorio, decorar la casa con motivos navideños, etc. Para nuestra comunidad parroquial debería ser lo mismo, el Adviento es un tiempo que nos debería llevar a “avivar la espera” en Nuestro Señor Jesús, y  prepararnos interiormente de forma activa para acogerle en el corazón.
Uno se puede preguntar: ¿por qué he de preparar?… pero si el Señor ya llegó. Si ya tengo fe. Si Dios ya está  presente en la historia… Pero si las Navidades son un símbolo o un recordatorio del pasado ¿Para qué prepararme? La Iglesia nos enseña que la fe ha de ser activa y dinámica, sino se muere… la tendencia del hombre, fruto de la pereza, es a estancarnos en el camino… ¿Quién no se ha estancado alguna vez en la fe? ¿quién no ha pasado por momentos de apatía?
Una forma de preparar es la reflexión. Yo os invito a parar un poco y reflexionar, meditar, ponderar lo que es la Navidad. No profundizamos, vamos rápidos por la vida. Asómate a tu ordenador: hay mil ventanas abiertas, y ninguna en profundidad. Hacemos 10 cosas a la vez, pero la capacidad de reflexión está deteriorada. Se piensa poco y se piensa con prisa. Esto influye en todo, en el estudio o en la oración.
La liturgia nos propone dos figuras que nos ayudan a meditar estas dos actitudes de las que hablábamos antes: María y Juan el Bautista.
María es la figura de la espera. Es la mujer paciente que esperó el cumplimiento de la Promesa. María es la mujer llena de esperanza.  A pesar de las dificultades que pudo experimentar según nos cuenta el evangelio, ella no dejó de esperar, la paciencia era su virtud.  ¿Qué espero? ¿Dónde pongo la esperanza? ¿en que me toque la lotería? ¿Soy paciente esperando a que el Señor se manifieste en mi vida? Pidámosle al Señor, por intercesión de María, que nos avive la esperanza.  Sólo una actitud activa de búsqueda me capacita para verle actuar en mi vida a través de los acontecimientos.
Juan el Bautista es la figura de la preparación activa. Juan proclamaba “preparad el camino a la llegada del Señor”. Su vida fue precursora de la de Jesús. Su vida fue un preparar el camino para el que había de venir, Jesús. El grita: “Allanar los senderos”. Animaba a los demás a preparase. Cuando anunciaba la conversión no hacía más que anunciar que llegaba un tiempo propicio para algo nuevo…


17 nov 2013

XXXIII TO, REFLEXION Evangelio Semanal,

La verdadera catástrofe es la ausencia de Dios
P. Luis J. Tamayo 

Lucas 21, 5-19: En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo. «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.» Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "El momento está cerca; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Las enseñanzas de Jesús en este evangelio de Lucas, (que acontece antes de la pasión), terminan con un discurso de tono apremiante y severo; a este se le llama discurso “escatológico” porque se refiere al final de los tiempos (del griego «éschatos» = último): “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo…”
Al final de este Evangelio se podría haber escrito: “… y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Si echamos un vistazo a las ultimas catástrofes en el mundo encentramos cosas como en el año: 2004 – El Tsunami en Indonesia (+275.000 muertos);  2005 – El Huracán Katrina en Nueva Orleans (+100.000 muertos);  2010 – El Terremoto en Haití (+200.000 muertos);  2013 - Y ahora el tifón Hayan en Filipinas. Estos desastres no son algo que acontezca para el final de los tiempos, sino que es lo que ya estamos viviendo en el día a día de nuestra historia.
Pero fijaos, Jesús hace referencia a una mayor catástrofe, y es la destrucción del Templo de Jerusalén. Para los judíos el Templo es la presencia real del Dios vivo en medio de su pueblo, les daba la seguridad de que Dios estaba con ellos. En el texto vemos como algunos de los discípulos no captaban la profundidad de esa presencia divina y valoraban más la belleza exterior (el Templo fue construido durante décadas por mandato de Herodes el Grande. Era uno de los edificios más grandes e impresionantes de la antigüedad).
Jesús, como tantas otras veces, les insiste en que no se dejen llevar por las apariencias. Menos de cuarenta años después de Jesús, en la guerra contra los romanos, Jerusalén quedó destruida y el Templo arrasado. Para los profetas la destrucción del Templo supuso una catástrofe para la fe y la cultura judía. Significaba, ante todo, que Dios les había abandonado.
La mayor catástrofe que un hombre puede vivir, es la ausencia de Dios, la negación consciente de Dios. La ausencia de Dios en el corazón del hombre es la muerte espiritual y con ella la destrucción de la esperanza, el amor, la ilusión por la vida, las ganas de luchar por un mundo mejor, etc. Esto es a lo que Jesús les pone en guardia.
Los discípulos no entienden, despistados piden pruebas y hechos de cuando será el fin de los tiempos: Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?” Y de nuevo Jesús les responde que andan desencaminados. Los discípulos quieren prepararse para ese momento, y si tienen signos claros de la llegada del fin de los tiempos, mientras tanto podrán respirar tranquilos. Aquí Jesús denuncia que esta es la actitud equivocada. Por ejemplo, no se trata de conducir más despacio cuando el detector de radares nos avisa, sino que es necesaria la prudencia y la atención en todo momento. En la vida de fe también es lo mismo, ahora me relajo, y ya cuando tenga 80 años a punto de morir me pondré las pilas… no hombre!! lo que necesitamos es la perseverancia en el día a día. Jesús nos exhorta al cuidado de la relación con Dios en el día a día. Jesús les dice: antes de que todo eso pase, prepárate para los momentos de dificultad, podrás tener persecuciones, quizás sufrimientos, conflictos en la familia, etc., los aprietos de la vida misma . Y entonces Jesús remata: “Es aquí donde tendrás la ocasión de dar testimonio, donde te invito a la perseverancia. No tires la toalla, no sueltes a Dios de tu corazón, por que Dios a ti no te ha soltado.”