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7 dic 2013

II Adviento, Fiesta de la Inmaculada Concepción

Dejarse amar...

Hoy celebramos la gran fiesta de la Inmaculada Concepción. El evangelio Lc 1, 26-38 nos cuenta el relato de la Anunciación, del que subrayo estos versículos que, especialmente hoy, me llamaron la atención. Son como un piropo a la Virgen.
Me encanta escuchar cuando se hacen buenos piropos, cortejos o galanterías a las mujeres… los andaluces para ello tienen mucho arte. Hace unos años paseaba por Sevilla y junto a la acera había una zanja profunda con varios obreros dentro trabajando. En esto que pasaba delante de mí una mujer muy esbelta y guapa vestida de negro. De repente, con acento andaluz muy simpático, se oye desde debajo de la zanja: “Jezú, algún angel ze ha debio morir en er zielo, pues mira, ha pazao la Virgen María veztida de luto”.

El ángel, al acercarse a la Virgen le dice un piropo precioso: “El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. » Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.”
Preciosas palabras las del ángel: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
María fue llena de gracia pues en su sencillez se dejó amar del todo. María pudo vivir en la alegría profunda pues estaba llena de la alegre presencia del Señor.
A veces escuchamos la expresión “esa persona está de alegre que no cabe en sí mismo”, para decir estaba lleno de alegría. O cuando alguien ha de dar una buena noticia se dice: “lo anunció a boca llena”, para expresar que dio la noticia lleno de felicidad.
¿Cómo estas tú? ¿Puedes decir que estas lleno? ¿Te falta algo? ¿Qué te falta?
En una jornada con jóvenes teníamos esta pregunta: que te falta para tener una felicidad profunda? Y uno respondió: “el iPhone 5”. La respuesta no está en lo material. Todos hemos oído que lo material o el dinero no da toda la felicidad completa. Todas estas cosas nos distraen, nos entretienen, nos recrean, pero no dan la felicidad. La felicidad en el ser humano sólo se nutre en las relaciones autenticas y en la amistad verdadera con otro ser humano.
María supo abrirse a la relación autentica y a la verdadera amistad con Dios y encontrar en Él todo el amor. María supo dejarse amar por Dios. María fue lo suficientemente humilde para reconocer la necesidad del amor de Dios; y Dios la llenó, por eso fue llena de gracia.
Una relación autentica pide el darse al otro, pero también es imprescindible recibir del otro. Es verdad que dar no nos cuesta tanto, pero si que ponemos resistencias para recibir amor. Cuando hace unos años regresé de Filipinas a Madrid, un día fui a misa con mi madre. En el momento de la oración del Padre Nuestro sentí la necesidad de cogerle la mano a mi madre, sentía la necesidad de su ternura, pues hacía años que había estado viviendo lejos. ¿Te puedes creer que en un primer momento sentí la resistencia de tomarle la mano? Esto lo veo yo mucho entre los matrimonios. ¿cómo cuesta manifestar que un o necesita un gesto tierno de cariño? Que gran milagro cuando uno reconoce sin escandalizarse que tiene necesidad de dejarse amar.
Pero hay que decirlo claramente, sólo en Dios uno puede encontrase lleno, pues sólo de Él es la plenitud del Amor. Los seres humanos podemos manifestar el cariño, pero somos limitados. ¿Cuántas veces uno se siente defraudado por poner su esperanza en otra persona, pues tarde o temprano manifiesta sus debilidades? Sólo Dios es la plena revelación de la Vida y el Amor. Sólo Él puede llenar el corazón humano. Santa Teresa de Ávila decía: Sólo Dios basta.
María fue llena de gracia pues se dejó amar. Su oración era afecto, ternura, adoración.  Su contemplación era el abrazo de Dios a su vida. A veces nuestra oración se queda sólo en darle vueltas a ideas en la cabeza. ¡¡¡¡Necesitamos de una oración afectuosa!!!! donde la conversación con Dios gire en torno al amor mutuo.
Déjate amar, para que hoy se pueda decir de ti: Alégrate, lleno de gracia, el Señor está contigo.

Vivo sin vivir en mí de Santa Teresa de Ávila
Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero 
Que muero porque no muero.   -   Vivo ya fuera de mí,
Después que muero de amor;
Porque vivo en el Señor,
Que me quiso para sí:
Cuando el corazón le di.
Puso en él este letrero,
Que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
Del amor con que yo vivo,
Ha hecho a Dios mi cautivo,
Y libre mi corazón;
Y causa en mí tal pasión
Ver a Dios mi prisionero,
Que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida! 
¡Qué duros estos destierros! 
¡Esta cárcel, estos hierros 
En que el alma está metida! 
Sólo esperar la salida 
Me causa dolor tan fiero, 
Que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga 
Do no se goza el Señor! 
Porque si es dulce el amor,
No lo es la esperanza larga:
Quíteme Dios esta carga,
Más pesada que el acero, Que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
Vivo de que he de morir,
Porque muriendo el vivir
Me asegura mi esperanza;
Muerte do el vivir se alcanza,
No te tardes, que te espero,
Que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
Vida no me seas molesta,
Mira que sólo te resta,
Para ganarte, perderte;
Venga ya la dulce muerte,
El morir venga ligero
Que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
Que es la vida verdadera,
Hasta que esta vida muera,
No se goza estando viva:
Muerte, no me seas esquiva;
Viva muriendo primero,
Que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darte
A mi Dios, que vive en mi,
Si no es el perderte a ti,
Para merecer ganarte?
Quiero muriendo alcanzarte,
Pues tanto a mi amado quiero,
Que muero porque no muero

23 dic 2012

IV Adviento - REFLEXION Evangelio Semanal


María, mujer de acción
P. Luis J. Tamayo

Por fin hemos llegado al 4º domingo del tiempo de Adviento. Hemos ido recorriendo domingo tras domingo la escucha de la Palabra y nos hemos dejado interpelar escuchando una invitación desde cada evangelio para preparar bien este tiempo de Navidad. Cada domingo ha sido una invitación a vivir de forma más consciente un Adviento distinto, un tiempo especial.
El 1er domingo recibíamos la invitación de poner en práctica una oración pidiendo fortaleza para vivir este tiempo de Adviento de forma especial. El 2do domingo hablamos de una preparación más interior, a través de actos de humildad interior. El la propuesta del 3er domingo consistía en algo más externo: en hacer pequeños actos de caridad pero desde la alegría. Y hoy nos encontramos ya en el 4º domingo en el que el Evangelio nos propone a María como modelo a imitar.
Lucas 1, 39-45: “En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito. «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!...”
El Evangelio nos relata la experiencia de María por el que después del encuentro con Dios en el que recibe la noticia que el Espíritu Santo la cubrirá y concebirá en su seno al Hijo de Dios, ella quedó tan llena de Dios, tan abrumada, tan feliz, que la reacción inmediata fue la de ponerse en acción a compartir con su prima Isabel la alegría de lo que ella había recibido; ponerse en acción a ayudar en lo que su prima Isabel necesitara, pues era mayor y había quedado también embarazada; ponerse en acción…
La actitud más cómoda del cristiano es la de estar parado, nos cuesta mucho el compromiso, el voluntariado, el ofrecernos para el servicio. El sospecha al que dirán nos paraliza, el miedo a “no vaya a ser que me líen”, la sospecha de que me van a liar…
El otro día hablaba con una persona a la que habíamos ayuda para organizar las cosas de la Iglesia y me contaba que alguien en torno a su familia le decía: “A ti te veo mucho liarte con cosas de la Iglesia, que te van a atrapar…” Pero luego esta persona me decía: “Mira, yo nunca había estado involucrado en cosas de Iglesia, me parecía un tostón, pero si te soy sincero desde que os he conocido esto me gusta.”
Así es, cuando uno va teniendo experiencia de un encuentro con el amor de Dios, cuando uno goza de la alegría de la fe, uno no puede más que ponerse en acción… como María. Lucas 1, 39-45: “En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá… Es preciosa la expresión: “María se puso en camino”. El encuentro con Dios dinamiza al hombre, la experiencia de la oración pone en marcha a la persona. Nuestro Dios es un Dios vivo que hace vibrar el corazón del hombre, que nos pone en marcha, que nos pone en camino.
La experiencia de tantos santos que desde el encuentro con Cristo en la oración les llevaba a ponerse en camino. Son experiencias visiblemente extraordinarias para que las tengamos como punto de referencia. La Madre Teresa de Calcuta, el 10 de septiembre de 1946, mientras viajaba en tren desde Calcuta a Darjeeling para hacer su retiro anual, recibió su "inspiración", su "llamada dentro de una llamada." Aquél día, de una manera que ella nunca explicaría, la sed de amor y almas de Jesús se apoderó de su corazón y el deseo de saciar Su sed se convirtió en la fuerza motriz de su vida. Madre Teresa se puso en camino.
Pero también reconozco que hay situaciones que oramos y que no conseguimos mover un dedo, que quedamos un tanto paralizados… hablaba hace unas semanas con un amigo que se estaba separando con 3 niñas. La mujer estaba metiendo veneno en las hijas en contra del padre. El me decía que tenía que hablar con ellas de la situación, hablar con objetividad pues lo que la madre decía no era del todo verdad ni justo. Pero me contaba que pasaban los días y que no podía, que se bloqueaba. Me decía que le pedía a Dios la ayuda y que no le salía.
Hay tantas situaciones que nos paralizan… yo también lo veo en mi propia experiencia. Pero lo que he descubierto en mi vida es que estas situaciones de bloqueo no pueden ser fuente de desanimo o tirar la toalla, sino un empuje para mayor oración, para mayor confianza, para mayor abandono en Dios, confiando que Él nos dará la fuerza en el momento debido; Dios sabe el cuando, nosotros seguimos pidiendo, seguimos poniendo de nuestra parte, seguimos poniéndonos en acción en lo que podamos.
Hace meses una mujer, alto directivo de un banco, me decía que a pesar de su deseo no encontraba el tiempo para orar. Sus tres hijos, la casa, el trabajo, los viajes al extranjero, el marido… no había forma. Yo le dije que Dios nos pedía a todos orar, pero no como una carga. Le pregunté que entendía por oración. Ella me respondió que 30 min pausados, el rezo centrado del rosario, etc. como los había hecho en algunos retiros que había ido. Estaba bloqueada pues no conseguía repetir el mismo modelo de oración. Le dije: veamos con creatividad como podemos sacar momentos durante el día para orar. ¿Por qué no rezas los 5 misterios repartidos durante el día? Por la mañana, en el coche, a medio día, acostando a los niños… ¿Por qué no escuchas el evangelio en el coche en una aplicación que se llama “rezando voy”? ¿Qué tal 5 min justo al levantarte de dar gracias a Dios por el nuevo día? ¿Una visita de 5 min a alguna Iglesia que te pille de camino al regreso a casa?... a esta mujer se le iluminaros los ojos… Todo es ponerse en acción en la medida de mis posibilidades, el resto lo irá poniendo el Señor.
Os recomiendo una oración que a mi me ayuda mucho para ponerse en acción:
“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que si puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia. Así sea.”

24 nov 2012

Solemnidad de Cristo, Rey del Universo


Solemnidad de “Jesucristo, Rey del Universo”. 
(Pç Luis J. Tamayo)

Yo no se que os viene a la mente cuando escuchamos el nombre de esta fiesta. Si no profundizamos e intentamos entender el sentido de esta fiesta, el mismo nombre puede sonar anacrónico.


La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
Quizás en ese tiempo la figura del Rey como soberano de un país tenía su sentido. Pero hoy día que se pone tanto en cuestión la figura del Rey – pues su papel de gobierno es mínimo – y cualquier figura de autoridad, lo que no se entiende bien es cuando la Iglesia pinta a Jesús en iconos como un Rey con cetro, capa y corona.
Por ejemplo, yo me pregunto como un joven de hoy entiende a Cristo como Rey, cuando estos chavales crecen en un mundo que pierde el sentido de la autoridad; o para los que la figura de un rey tiene que ver más con Kaka o Ronaldo como – rey del futbol – o Michel Jackson como – rey del pop –.
¿Cómo entender hoy la fiesta de Cristo Rey?
El propósito de nuestra reflexión no es el de explicar que es un Rey y aplicar este concepto a la persona de Jesús. Una persona solo puede entender el verdadero significado de Cristo como Rey si desde la experiencia de vida – realmente – le va dejando ser dueño y señor de su corazón y sus decisiones.
¿Ejemplos? Hay muchos testimonios de personas que dejan a Jesús ser Rey y Señor de sus vidas como el acto más inteligente.  Sabemos de una mujer embarazada cuya salud corría peligro si daba a luz y, a pesar de las dificultades, de ratos a solas con Jesús orando con su marido ambos deciden que ella de a luz al bebe. Ella decía que esta no era sólo una opción por la vida, sino una opción por dejar a Dios reinar en sus vidas.
Conozco en Roma a una familia con 5 hijos que, después de mucha oración en familia, deciden adoptar un niño abandonado deficiente. Es una familia que dice que experimenta tanto amor de Dios que ven su familia como lugar privilegiado para que ese niño también lo experimente.
Acompañé espiritualmente a un chaval de 17 años, quien me contaba que en un examen tuvo la mala suerte de que le preguntaran lo que poco había estudiado, y cuando otros compañeros copiaban, el sentía por dentro que Jesús le invitaba a ser honesto. La alegría que sintió no fue por el suspenso, que algo le dolió, sino por que Jesús le había ayudado a no faltar en contra de la honestidad.
También entre nosotros hay muchos que intentamos escuchar a Jesús, y según las intuiciones que de Él recibimos vamos tomando decisiones en la vida con el deseo de la fidelidad.
Jesús es Rey en la vida de alguien cuando tiene algo que decir, cuando tiene una voz. Cuando tiene opinión. Cuando es alguien vivo. Cuando uno decide darle las riendas de la vida a Jesús, no como perdida de la libertad – como si de un servilismo se tratara – sino como el testimonio de una total libertad.  San Pablo dirá “Yo se de quien me he fiado”, ¿cómo no poner mi vida en tus manos? Si yo se que Dios solo desea lo mejor para mi ¿cómo no soltar las riendas y poner mi vida y voluntad al querer de su voluntad?
Pero cuando intuyes que hay un gran bien en seguir una intuición interior que sabes que es de Dios… y no lo haces… y ves que el egoísmo tiene fuerza, y te puede la codicia, y te distancias de Dios… entonces es cuando nos damos cuenta que Cristo está, pero no tiene ni fuerza ni autoridad en tu vida. San Ignacio de Loyola también lo experimenta al inicio de su conversión cuando dice: ‘Como puede ser que pueda gobernar a un ejército de soldados y no pueda gobernar mi propia voluntad”.
Así es la sabiduría de la Iglesia que sabiendo que para el hombre no le es fácil discernir la voz de Dios y hacer su voluntad… los grandes maestros de espiritualidad siempre se dejaron guiar por la “Dirección espiritual”; tener un acompañante para ayudarnos en la fidelidad a Dios. (hoy la Iglesia también lo llama “acompañamiento espiritual”).
Cristo llega a ser Rey no porque tiene un título sino por que guiado por Él me lleva a experimentar la alegría de su reinado en mi corazón, su reino no es un lugar… su reino es la experiencia en el corazón de paz, amor, consuelo, bondad, compasión, y no solo para mi sino desde mi para los demás.
Señor, Venga tu Reino!!

18 nov 2012

XXXIII Domingo T.O. REFLEXION Evangelio Semanal


Un rayo de luz tras las tinieblas
P. Luis J. Tamayo

Marcos 13,24-32
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; (…) El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán…»
Este evangelio y el del domingo que viene, la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, son dos textos que pueden ser leídos en continuación… el de hoy es una reflexión de que todo lo de esta tierra se tambalea y pasa, y que lo único que permanece es el Señor; por eso la invitación del domingo que viene de hacerlo Rey y Señor de mi vida, para anclarnos en él.  Estos dos textos son el final del año litúrgico; con estos dos textos se cierra el año y el domingo 2 de diciembre damos comienzo al Adviento, y nuevo año litúrgico.
El evangelio de hoy (Mc 13,24-32) parece el trailer de una autentica película de ciencia-ficción.  Imaginar la escena:  “En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán”.
Hemos de saber que este tipo de textos son los llamados textos apocalípticos, es decir, textos de la época que querían llamar la atención a prepararse para lo que ellos pensaban que estaba cerca: el fin del mundo y la segunda venida del Señor.  Obviamente, ellos se dieron cuenta que el tiempo pasaba y ni el sol entró en tinieblas, ni las estrellas cayeron del cielo, ni los astros tambalearon; fue entonces cuando se replantearon el verdadero significado de ese llamado “final de los tiempos y la venida de Cristo”. 
El texto nos lleva a una reflexión muy actual. La lectura de la situación económica actual es que vivimos en un momento de tinieblas. Las estrellas que han caído son nombres de empresas que una vez fueron y ya no están. Momentos de euforia económica que ya no vemos. Luces de neón que se ven recortar en todos los sitios. Vivimos en un momento en el que parece que todo se tambalea, hay gente que a día de hoy no puede asegurar su puesto de trabajo. = Esto se traduce en una sociedad con rostros en tinieblas, sin brillo y desesperanzada.
Lo que muchas veces hecho de menos en los medios de comunicación es una actitud positiva frente a la situación, sobre todo echo de menos la inyección de la esperanza. Los medios no los dan pero el texto del Evangelio sí: “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; (…) El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.”
El Evangelio y la fe nos invita a poner la esperanza en el Señor.  Siempre llegarán momentos en la vida que parecen que todo se acaba, así a acontecido a lo largo de la historia de la humanidad (la caída del Imperio Romano, las grandes pestes de la Edad Media, la 1ª y 2ª Guerra Mundial…) Son momentos en la historia en que todo se tambalea o incluso en lo que todo se cae y parece el fin del mundo… pero el Evangelio nos enseña a poner la esperanza solo en Dios.
Os cuento un ejemplo muy gráfico sobre como a uno se le cae el mundo cuando pone su esperanza fuera de los valores del Evangelio: hace un tiempo hablaba con unos amigos que esperaban una niña, la niña nació con una deformación en el sistema motor. Ella me reconocía que el primer impacto fue la desesperanza.  Se preguntaba como podía afectarle esto si tenía que estar feliz que la niña en general estaba bien de salud y el doctor le daba esperanzas. Me contaba que tras días de oración y de examinarse se dio cuenta que le daba toda la importancia en la opinión de los demás y no en el regalo de la vida que Dios les había hecho. Comparaba a su hija con otros bebes, y se agobiaba que su hija iba a ser distinta y que las demás lo hablaran. Ella se dio cuenta, y me decía que se dio cuenta que en realidad su apoyo no eran los valores del Evangelio, es decir, su esperanza no estaba puesta en el Señor, sino en los valores de este mundo, por eso no aceptaba la situación.
Al final del evangelio dice: “cielo y tierra pasarán, más mis palabras no pasarán”.  Apoyarnos SOLO en los valores que pasan hacen nuestra vida demasiado frágil. Apoyarnos con fe en la Palabra del Señor hace nuestra vida más firme. Jesús lo explica también con la parábola de la casa construida sobre arena y sobre roca (Mateo 7, 21-29).
Esto es lo que le ha pasado a esta sociedad, nos han enseñado a poner nuestro apoyo en valores que se caen: valores como la avaricia, el consumo, la apariencia, el acumular, y esto ha conducido a una sociedad que ha vivido por encima de las posibilidades… hasta que ha hecho crack!
Pero creo que estos momentos son momentos de mucha esperanza, son momentos que nos están reeducando a los verdaderos valores que siempre permanecen: la sencillez, la austeridad, la humildad, vivir más el momento presente y no acumulando pensando sólo en el futuro…
Estos momentos en los que muchas cosas se nos tambalean, pueden ser pedagogía de Dios permitir que las cosas se nos caigan, y aunque parezca el fin del mundo… esto acontece para darnos cuenta que “cielo y tierra, y tantos otros valores que no son de Dios al final pasan, pero que solo Él no pasa”. 

¿dónde pongo el apoyo de mi vida? ¿dónde está puesta mi esperanza? ¿qué es aquello que si tambalea, me hace tambalear? ¿en que valores apoyo mi vida?

21 oct 2012

XIX Domingo T.O. - Domingo Mundial de la Mision



Hágase tu voluntad
(P. Luis J. Tamayo)

Marcos 10, 35-45: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.» Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís…»

El otro día fui testigo de una de las más grandes pataletas de un niño que jamás yo había visto. En el supermercado, después de hacer la compra, estando a la cola para pagar en la caja, de repente los gritos de un niño, lleno de rabia, chillaba a su padre por que pedía más chocolatinas… cuando al fijarme en él ya tenía las manos llenas de caramelos y chocolatinas, pero no le eran suficientes, pedía más… Quería que su padre hiciera lo que él pedía, y, además, con rabia y gran exigencia.
Nuestra oración delante de Dios es muchas veces así, como la del niño, y le exigimos a Dios que se haga lo que le pedimos. Así hicieron los hijos de Zebedeo, leemos en el Evangelio (Marcos 10, 35): “En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir».” 
El evangelio de hoy es una verdadera escuela de oración de Jesús con sus discípulos. ¿Qué es la oración sino la relación y el diálogo con el mismo Jesús? Los primeros discípulos pudieron tratar a Jesús cara a cara, así como lo vemos reflejado en el Evangelio; pero nosotros no tenemos nada que envidiar, también tenemos el privilegio de poder hacerlo por medio del Espíritu Santo. Ahora bien, el examen que uno puede hacer a la luz del evangelio de hoy es ¿cómo nos acercamos a Él?
La iglesia, por medio del catecismo, nos enseña varios tipos de oración: la oración mental, la contemplación, la adoración, la oración de acción de gracias, la oración de alabanza y también la oración de intercesión o petición. El texto de hoy entra dentro de la oración de petición.
En el texto de Marcos vemos como la petición de Santiago y Juan a Jesús esconde una gran exigencia: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir»; ¿Cuántas veces nuestra oración es así? “…mira Jesús, has de hacer lo que yo te pido”. En el fondo refleja una actitud un tanto manipuladora de Santiago y Juan, que busca que Jesús haga lo que ellos quieren, como si ellos supieran mejor lo que más conviene. “Mira Jesús, vengo a decirte que hagas lo que yo quiero”.
Que distinto cuando Jesús nos enseña a decir en la oración del Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad”, es decir, esta petición implica el deseo de: “quiero que hagas lo que tu consideres mejor”. Es ponerse delate de Alguien a quien verdaderamente considero como Dios, como Dueño y Señor de la Vida y que sabe lo que más conviene.
La diferencia entre una y otra forma de acercarse al Señor es obvia. La primera esconde la arrogancia humana de creer que sabe lo que más conviene; la segunda refleja la humildad que pide todo acto de oración. El catecismo nos lo enseña así: “la humildad es la base de la oración” (CCC 2559).  La primera busca manipular a Dios; la segunda implica ponerse en plena confianza y abandono delante de Dios. La primera pone siempre a la persona en la queja sin al final no sale lo que yo quiero; la segunda vive siempre en el agradecimiento de que sea lo que sea es lo que más conviene.
La voluntad de Dios no es que uno sufra un cáncer, un accidente, una catástrofe… eso sería contradecir la naturaleza misma de Dios. Dios es VIDA y AMOR, y en el amor no entra el desear el mal a otro. La Palabra de Dios nos enseña que la voluntad de nuestro Padre es “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (CCC 2822; 1 Tm2, 3-4); su voluntad es que “nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado” (Jn 13,34; Lc 10,25-37). La vida nos puede deparar cosas buenas y cosas malas. Dios permite que pasen, no las envía. Y así su voluntad es que vivamos todas estas circunstancias de la vida que van aconteciendo muy unidos a Él, arropados en su gracia, en su fuerza y en su consuelo, y que desde Él demos vida y amor al mundo, seamos luz para el mundo y testigos de su amor.